EL AUTOR

  

                                                                 El Fabar, uno de los barrios emblemáticos de Turón, situado entre El Lago y La Felguera, tiene como puntos periféricos de referencia, el campo de La Bárzana por un lado, y la iglesia parroquial de San Martín por otro, que es tanto como decir dos pasiones: el fútbol y la religión. Además, en los años anteriores a la Guerra Civil, en una pequeña explanada ubicada en el vértice de la carretera general y la que va al recinto deportivo, a la sombra de un castaño centenario que hoy ya no existe, se cultivaba una tercera pasión: la política, alimentada por los vecinos del contorno con acaloradas tertulias. Después, vino el sangriento conflicto fratricida que, todos sabemos,  acabó como el rosario de la aurora.   

Nació en El Fabar, un barrio que, inexplicablemente, no consta en el nomenclator del Ayuntamiento de Mieres

                                                                En este barrio nació Manuel Jesús López “Lito”, en plena posguerra, pero luego viviría siempre a caballo entre este lugar y la capital del Principado, completando aquí sus estudios en la Facultad de Ciencias y en la Escuela de Minas. Titulado superior y funcionario del Ayuntamiento de Oviedo, alternó dichas actividades con la enseñanza de las matemáticas en su academia turonesa por la que desfilaron a lo largo de un cuarto de siglo más de mil alumnos de diversas especialidades (Bachillerato, Magisterio, Ingeniería Técnica de Minas…)        

El Fabar (2)Parte posterior de la casa natal de Lito en El Fabar (lleva una franja de color verde en un lateral).La carretera general del territorio es aquella por la que circula un automóvil de color oscuro; a la izquierda de esta se ve el camino que conduce a las piscinas de “Mejoras del Valle” y a la derecha la carretera que comunica con el campo de fútbol  de La Bárzana. 

                                                     El relativo “exilio” al que le han forzado razones familiares y profesionales no ha sido óbice para que se sintiera cada vez más vinculado a los problemas de su tierra. Probablemente, esa perspectiva de horizonte, haya sido crucial para que pudiera percibir con mayor nitidez la cruda realidad del Valle experimentando un impulso endógeno, cada día más fuerte, que le sugirió desde 1.987 la necesidad de reflotar de alguna manera, el pasado brillante que ostentó el Valle para compararlo con el estado de brutal regresión que, incomprensiblemente, padece en la actualidad.

Foto Librooviedo

Así, fueron brotando los siguientes títulos: “Informaciones del Turón antiguo” en el año 1.995; “Memoria gráfica del Turón industrial (1.880-1.980)” en 1.997; dos años más tarde “Turón. Crónica de medio siglo (1.930-1.980)”; en 2.003 “Turón. El fin de una época” ,  en 2.006 “En busca del Turón perdido” y, en los últimos años, “El enigma de Turón”,” Memoria gráfica del Turón industrial (Tomo II)” , “El despertar de Turón”, hasta llegar a “Turón, hora cero” publicado en 2017. 

                                                                     El origen de esta andanza literaria tiene ancladas sus raíces en la propia infancia de Lito, pues en la sastrería que regentaba su padre en El Fabar, oyó multitud de anécdotas relacionadas con el pasado y el presente de aquellos mineros que eran sus clientes exclusivos. “Manolo el sastre”, como era conocido por sus convecinos, que era una persona amante de la cultura y siempre dispuesto a ampliar sus conocimientos, tuvo que interrumpir esta noble inclinación transitoriamente por causa de la guerra cuando cursaba el Bachillerato en 1.936. Gran conversador, se interesaba por las vivencias de sus parroquianos, sus destrezas en el trabajo cotidiano de la mina o fuera de ella cuando se trataba de gallegos que aterrizaban en Turón después de regresar alguno de ellos de una aventura americana en Cuba, Argentina o EE.UU. En aquél taller también enseñó a Lito a leer, escribir y hasta dividir cuando aún no había cumplido los seis años de edad. La sastrería fue, por tanto, la primera aula de Manuel Jesús López “Lito” y, más adelante, siempre gracias al concurso de su padre, tuvo noticia de la importancia social y cultural que había tenido Turón en las décadas de los años veinte y treinta del pasado siglo, que él mismo pudo constatar en la posguerra, aunque ahora sólo desde el punto de vista industrial, cuando el Valle era una inmensa factoría desde Urbiés a Figaredo donde se afanaban diariamente ocho mil obreros. Con todos estos ingredientes, transcurridos los años necesarios para que Lito resolviera las ecuaciones fundamentales de la vida, tanto las sentimentales como las universitarias y profesionales, pensó un día en la posibilidad de sacar a la luz el brillante acontecer de su tierra ya que estaba convencido de que Turón no era un valle cualquiera, mostrando desde entonces, no solamente la crónica de nuestro pasado, sino también la crítica cada vez más enérgica por el estado de desolación en el que han sumido al territorio – ya han pasado doce años desde el último cierre minero y la economía local sigue cuesta abajo, según se desprende de sus propias palabras – aquellos en los que los turoneses han depositado su confianza legislatura tras legislatura.  

Con sus publicaciones, Lito, ha sido el verdadero artífice del descubrimiento de la historia del valle de Turón

 

                                                           Manuel Jesús López “Lito” ha sido, pues, el verdadero artífice del descubrimiento de la historia del valle de Turón. Gracias a su esfuerzo salieron a la superficie multitud de datos que permanecían como enterrados, de los que no se tenía noticia alguna cuando fenecía el siglo XX. Los nueve libros publicados por Lito desde 1995 hasta el día de hoy, son el aval fehaciente de una labor investigadora que le ha supuesto muchos miles de horas de paciente estudio, tanto en archivos y  bibliotecas como en su propio hogar. Papeles y documentos ocultos en insospechadas estanterías que hablaban de los poderosos que en la antigüedad dominaron aquella tierra  que permitían penetrar en los entresijos que supone siempre todo tipo de investigación. Así salieron a la luz estudios genealógicos detallados de multitud de familias oriundas del territorio entre las que cabe destacar a los Martínez de Vega de San Justo que pasa por ser el linaje de más enjundia de los habidos en el Valle y que sirvió en alguna ocasión, a Manuel Jesús López, para relacionar a personas que sin conocerse pertenecían a este mismo tronco.

La obra de Manuel Jesús López, compendiada en sus nueve volúmenes, consta de unas 3500 páginas ilustradas con más de 3000 fotografías

                                                  El autor realiza, además, una exposición pormenorizada de todas las concesiones mineras asentadas en la zona a partir del segundo tercio del siglo XIX y que significaron el preludio del desarrollo industrial del Valle en la época contemporánea, fenómeno que se culminó con la fundación de Hulleras de Turón en 1.890.   Este ha sido el auténtico compromiso con el pasado de su tierra natal que, a su vez, le ha generado una gran preocupación por la deriva calamitosa y sin rumbo a la que le han empujado en nuestros días los que tenían que haber velado por su futuro.                                                                                                                                                                                              Finalmente, queremos resaltar que en cada uno de los libros que componen la historia de Turón de Lito, existe un importante repertorio fotográfico que abarca desde el último tercio del siglo decimonónico hasta nuestros días. Son cientos de imágenes en las que se recogen aspectos familiares, laborales, artísticos, festivos y deportivos de los turoneses, que hablan por sí solas del heroísmo y la nobleza de estas gentes que con su ejemplo hicieron grande a la tierra que les vio nacer.

                                                        Editorial  (2017)