El crimen de Turón

Este territorio ha proporcionado desde comienzos del siglo XIX hasta la actualidad unos cien millones de toneladas métricas de carbón. Se dicen pronto. Iniciada la segunda mitad de la centuria, Vicente Fernández Blanco, natural de La Pena ‘l Padrún (Figaredo) casado con María Martínez de Vega nacida en Villapendi, obtiene la concesión del “Coto Paz” y abre una mina “La Formidable” vendiendo sus carbones a la Fábrica Nacional de Cañons de Trubia. Así empieza la explotación de la hulla a nivel industrial en el valle de Turón. Por otro lado, cuando se fundó Hulleras de Turón en 1890, empresa beneficiaria de los yacimientos carboníferos de las partes media y alta del Valle, el territorio aún contaba con una población que apenas alcanzaba los 2000 habitantes. Tal era la magnitud de los yacimientos hulleros encerrados en este entorno geográfico que durante muchas décadas mantuvo una actividad febril ya que llegaron a trabajar miles de obreros que habían ido llegando, paulatinamente, desde los puntos más dispares de la Península, procedentes del mundo agrario, en busca de un trabajo mejor remunerado. Fue así como Turón se convirtió en pocos años en un centro industrial de vital importancia para el desarrollo del país y, al compás de la bonanza económica, la sociedad turonesa evolucionó con cierta rapidez: llegada del cinematógrafo y del primer equipo federado de futbol, Ateneo Obrero, Orfeón, Banda de Música…. Todo desapareció con el conflicto exterminador de 1936. En la postguerra, desde las profundidades del averno, los mineros fueron los que sacaron del atolladero a una nación hecha pedazos y así, en 1958. la Compañía obtuvo su techo de producción con 1.377. 700 toneladas de hulla bruta, lo que le permitió seguir ocupando, como muchos años atrás, el tercer puesto en el ranking regional detrás de Duro Felguera y Hullera Española. Ello prueba que Turón no es un valle cualquiera. Después vino la crisis hullera y con el cierre del Pozo Santa Bárbara a finales del siglo pasado y del Pozo Figaredo a comienzos del nuevo milenio, se esfumaron los últimos mil puestos de trabajo que había en el Valle. Cuando comenzó a llegar un río de millones a la Cuenca Minera para compensar el cierre de sus minas, aconteció lo inesperado: a Turón no le concedieron ni una sola peseta. Ese ha sido el crimen de Turón. Entonces la economía local comenzó a desmoronarse y, en consecuencia, la población se resintió seriamente hasta tal punto que en el momento presente (año 2019) apenas alcanza los 4000 habitantes. Y sigue descendiendo.

Para tener un retrato de la actualidad de Turón, basta elegir cualquier jornada al azar cuando comienza a anochecer.y atravesar La Veguina, barrio en el que, en otro tiempo, se concentraban verdaderas multitudes. Si lo hacemos durante el período estival se puede ver, a lo sumo, una docena de personas en una improvisada terraza calmando la sed que producen los calores veraniegos. Pero si el paso lo hacemos en invierno la escena oprime el corazón pues, en esa época, las inclemencias meteorológicas parece que ayudan a resaltar el abandono en que permanece inmerso el Valle: locales cerrado, edificios derruidos o en estado ruinoso y apenas cuatro bares abiertos que en su interior se encuentran semidesiertos. en ocasiones nos podemos topar con un grupo reducido de mozalbetes sentados en las escaleras mugrientas del otrora brillante comercio de Benavides y, más abajo, quizás, con un joven solitario que deambula con su patinete haciendo piruetas en una calle apenas iluminada, regalando una tras otro, los más variados números de contorsionista a un público imaginario porque la realidad es que no existe. Imposible encontrar ni a un lado de la calle ni en la acera opuesta. La Veguina que en el pasado fue como la “city” del territorio, ahora es como una ciudad fantasmagórica. No faltan los días en que diversas fases del alumbrado que llega hasta Figaredo, se encuentran desconectadas o averiadas, no se sabe muy bien si lo uno o lo otro, generando largos tramos de oscuridad sobre la carretera, lo que añade a la escena si cabe un aspecto más surrealista. ¡Ah, Turón! ¡ Quién te ha visto y quien te ve y en que estado te han sumido!

Lo verdaderamente inquietante es que, después del desplome brutal de la actividad económica en la zona en estos últimos treinta años, como queda reflejado en la descripción anterior, no se vislumbra que nuestros representantes autonómicos tengan la intención de preparar un proyecto que saque de la miseria a este territorio que fue emblemático dentro de los valles mineros y destacado en muchos aspectos a nivel regional.

Nos sangra el pecho de coraje ante tanta arbitrariedad. Nos duele Turón porque es nuestra tierra del alma, es nuestra madre. Pero, sobremanera, nos duelen tantos merecimientos y tan escaso premio el recibido. Ese es el crimen de Turón. (extracto de “El enigma de Turón” págs. 240-248).

Hace un tiempo advertíamos sobre la falta de limpieza del río