El matrimonio Ardura-Viejo

EL MATRIMONIO ARDURA-VIEJO 

                                                      Constituido por  Julio Fernández Álvarez y por Bienvenida Menéndez Viejo, esta pareja de turoneses nació en los años de la Gran Guerra. Julio era hijo de Ardura que fue vigilante de Minas y contratista de Hulleras de Turón, mientras que Bienvenida”Veni” lo era de Cándido, una de los primeros sastres establecidos en Turón cuando alboreaba el siglo XX.

                                                                Con poco más de quince años, se empleó en el ventilador del Pozo Santa Bárbara y  la primera vez que oí hablar de Julio fue en la casa paterna. Estaba reciente la proclamación de la II República y mi padre, unos cuatro o cinco años menor, iniciaba entonces el Bachillerato. Desde su casa del Fabar, donde mi abuelo  tenía una sastrería, le veía pasar todos los días por la carretera camino de la Rebaldana. Era la hora posterior a la comida del mediodía e iba siempre leyendo un libro.

                                                               Tanto Julio como Veni se conocían de bien pequeños por haber nacido en barrios muy cercanos, pues el primero vivía en Puenes mientras que ella era natural de La Veguina. Posiblemente, esa proximidad influyera para que ambos iniciaran la carrera de Magisterio en aquellos años treinta. Estaba vigente el Plan 1924 pero, luego, pasaron al llamado “Plan Profesional” que consistía en unos estudios cuasi universitarios, muy exigentes en consecuencia, que fueron suprimidos con la Guerra Civil.

                                                                         Ambos jóvenes, contrajeron matrimonio en 1943 y, en enero del año siguiente, aterrizaron en San Juan de la Arena, observando muy pronto que los contables de las fábricas de pescado eran todos forasteros, por lo que pensaron en la posibilidad de preparar estudiantes en aquella dirección, ya que aquellos  profesionales eran muy demandados y tenían una excelente remuneración para los tiempos que corrían.

                                                                         El exigente  título de Magisterio del período republicano que poseían, les animó a aventurarse en aquella empresa docente, especializándose ellos mismos, a partir de entonces, en aquellas disciplinas que eran más solicitadas por los alumnos y que, actualmente, constituirían el campo de la Ofimática. El proyecto que pusieron en marcha no tardó en cristalizar. Había que tener en cuenta que las economías familiares  de la comarca eran muy débiles por aquellos años y que el centro de enseñanza más próximo que realizara estudios superiores a la Primaria era el colegio San Luis de Pravia, situado a más de ocho kilómetros de distancia con una carretera penosa que hacía el traslado difícil  y costoso. Esta circunstancia propició que comenzaran a interesarse por su oferta educativa, estudiantes de todos el contorno: Muros del Nalón, San Esteban de Pravia, etc. Propuesta que se extendía al Bachiller Elemental, cuyos alumnos llevaban a examinar al Instituto “Carreño Miranda” de la villa del Adelantado; a los Peritos Mercantiles, que se examinaban en Gijón; a los alumnos de Magisterio, que pasaban sus pruebas en Oviedo.

                                       La función docente llevada a cabo por los esposos Ardura- Viejo en esta comarca del Bajo Nalón, se puede calificar de magnífica, pues llenaron un vacío, en aquellos tiempos de posteriores a la guerra preñados de  escasez, facilitando a muchas familias una preparación especial para sus hijos que habría de permitirles una proyección social ulterior. Promoción que , en otro caso, no hubieran tenido la oportunidad de conseguir. Como el éxito de la Academia estaba asegurado, algún tiempo después, fue necesario incorporar a la labor educativa de un Perito Mercantil y un Maestro Nacional, que habían sido dos de sus primeros discípulos. Y, así, durante más de tres décadas continuaron su tarea de entrega a la enseñanza preparando en en ese período de tiempo a más de quinientos alumnos. Algunos de ellos, más tarde, concluirían estudios medios,  superiores o ejercerían las más variadas profesiones: José Manuel, fue director de la Caja de Ahorros de Muros del Naón, Fabián y Florentino fueron, sucesivamente, directores de la Caja de Ahorros de La Arena, Julio Suarez fue director del Banco de Asturias de Soto del Barco, Higinio Fernández Fernández, que abrió una imprenta en Oviedo, etc,

                                         Por su parte, D.Julio, en su época de enseñanza oficial de la escuela de Soto del Barco, fue nombrado Secretario de Enseñanza del concejo y desde este cargo impulsó la creación del grupo escolara de San Juan de la Arena y los centros de Foncubierta  y Caseras, entre otros.

                                         Pero como el tiempo para D. Julio se estiraba como si fuese una goma, todavía le que daba sitio para una nueva dedicación que descubre su talante  y personalidad: durante el intervalo 1960-1969 fue nombrado Juez de Paz, precisamente cuando en San Juan de la Arena existía una barriada con el apellido del “Mau Mau” en alusión a su conflictividad. ¡Menudo lío en el que se metió D. Julio! Eso es lo que pudiera pensarse a primera vista. Pues todo lo contrario. Tarea fácil para D. Julio: con la colaboración directa del secretario y del conserje, unido a su carácter abierto y comprensivo, amante de la concordia entre las gentes, logró “poner paz” en muchas familias, lo que, desde fuera, parecía imposible conseguir.

                                          Prueba de ello es que desde el Juzgado de Avilés, se le hizo saber- era una broma- que no ” les convenía” como Juez de Paz porque habían disminuido sus casos de forma alarmante.

                                           Los esposos Ardura- Viejo han tenido cuatro hijos: María Isabel, diplomada en Trabajo Social, Mercedes, profesora titular de Francés en la Universidad de Oviedo, José Ramón, ingeniero de Minas en Aceralia, y Luz María, maestra, licenciada en Pedagogía y psicoanalista. Dignos descendientes de este excepcional binomio de pedagogos que han sido sus progenitores.

                                           Al alcanzar la edad de jubilación, se mudaron a la capital del Principado y a su fallecimiento, una vez entrado el siglo XXI, recibieron sepultura, como había sido su deseo, en el panteón familiar del cementerio municipal del valle de Turón, su querida tierra.