El tritón de los mares del Norte

 

                                                 
     Cuando Vitos partió para Cádiz a principios de octubre de 1957 iba decidido a cruzar el Estrecho de Gibraltar. Este hecho no pasó desapercibido en los medios deportivos de todo el país recalcando  alguno de ellos que ” se trataba de un minero de  asturiano que no hacía mucho tiempo se había iniciado en aquella práctica de mar abierto”. Ya en Tarifa, los hermanos Cunia con una rudimentaria lancha se dedicaban a observar atentamente el estado de las aguas, mientras Vitos se frotaba todo el cuerpo con grasa para contrarrestar los efectos negativos de las olas. Por fin, el día ocho las condiciones meteorológicas se presentaron netamente favorables y, decididamente, a las ocho en punto de la mañana se lanzó al agua en un punto conocido como Isla de las Palomas a la derecha del faro. En ese momento, para justificar la hazaña que iba a realizar, se encontraba presente el Delegado Provincial de Deportes, un miembro de la ayudantía de Marina y un grupo de asturianos que le despidieron con gritos de ánimo. El nadador turonés era seguido de cerca, aparte del bote de prácticas, por el barco pesquero “España” ocupado por cronometradores, fotógrafo  y algunos aficionados. Habían transcurrido tres horas desde la salida cuando le fueron administrados diversos alimentos a base de café, glucosa  y brandy. Estaba nadando a un ritmo nada despreciable de  cincuenta brazadas por minuto, pero cuando se encontraba en la última parte de la travesía comenzó a soplar con fuerza  el viento de Levante empezando a crearle una serie de problemas con los que no había contado: al ser arrastrado hacia el Oeste hubo de recorrer más de 23 Km. Estos inconveniente y los calambres que sufrió en el brazo izquierdo ralentizaron su marcha mas, al fin, cuando estaba próxima  a punto de cumplirse la una  y media de la tarde, pudo pisar tierra en le ensenada de Punta Galera. Algunos moros que apacentaban sus rebaños salieron a su encuentro al observar asombrados como un hombre emergía de las aguas después de atravesar el Estrecho. ¡Que gran proeza la suya! Doce siglos atrás, las huestes de Tarik y Muza cruzaban ese trayecto en sentido contrario en navíos de guerra para conquistar la España visigoda y, ahora, un español, de la montaña central asturiana por más señas, alcanzaba las costas del Magreb para abrazar la gloria. Vitos pasaba a ocupar el séptimo lugar en la clasificación por tiempos de toda la travesía en el Estrecho.

Vitos, que nació en Carabatán, aprendió a nadar en “el Pozu la lloca”

                                                                           Casi todo el mundo cree que Vitos nació en La Rebaldana  pero lo que pocos saben es que el lugar en el que vio la primera luz fue en 1932  en Carabatán, en la llamada “casa de Argul” .Lo sabemos de muy  buena tinta porque él mismo nos descubrió el secreto en el transcurso de una entrevista que le hicimos en su propio domicilio cuando agonizaba el siglo veinte.  Aquel día también nos manifestó que  a los pocos meses, sus padres se mudaron a La Rebaldana. Por eso, parafraseando a Clarín, podría decir “Me nacieron en Carabatán pero soy de La Rebaldana”. Al cumplir dieciocho años se empleó en “Vía Estrecha” pero desde la infancia ya mostró inclinación hacia la natación que practicó en los  pozos de La Lloca (La Rebaldana) y El Trabancu (La Vera ‘l Camín). Interesado en perfeccionarse en esta modalidad deportiva,  en 1951 inició sus entrenamientos en la piscina de Mieres de Camino que era la única cubierta de Asturias  y representaba en ese tiempo la meca del estilo “braza de pecho”, en la que destacaban, entre otras, figuras como Ballesteros y el también turonés Cabañas. Allí fue donde descubrió sus posibilidades en las pruebas de fondo al nadar durante varias horas seguidas sin mostrar apenas  sensación de fatiga. Esto fue lo que le animó en 1954  a realizar la travesía Muelle-Musel –Muelle que finalizó en algo menos de dos horas  y media. Ese año también triunfó en el campeonato de Castilla en las modalidades de braza  y mariposa. Al año siguiente disputó la Candás- Gijón superando al segundo clasificado en más de una hora pero, es el año 1956, el de su consagración: se proclama campeón regional de braza y mariposa en la piscina de Pola de Siero, se alza con el campeonato de Castilla donde barre literalmente a Allúe “el nadador más formidable que ha dado Valladolid”, según el corresponsal de “Comarca”, alcanza el segundo puesto en las pruebas nacionales de braza celebradas en Palma de Mallorca. En esta época ya es entrenador de la piscina de Mieres del Camino; sin embargo, no descuida su propia preparación pues sigue recibiendo enseñanzas técnicas de consumados maestros (Piernavieja, Granados, Mr. Jean) que le habían  de aupar hasta la fama.

Fue el primer español que atravesó a nado el Canal de la Mancha y con esta hazaña dejó grabado para siempre con letras de oro el nombre de Turón

                                                      Una vez que superó la prueba del Estrecho, Vitos solo  tiene un objetivo que, a decir de los expertos, es la prueba de fondo más dura del mundo: el Canal de la Mancha. Para ello va a someterse a una preparación concienzuda suspendiendo todas sus participaciones en pruebas de velocidad durante un año. A principios de 1958, en Madrid, se pone a las órdenes del entrenador magiar Janos Nemeth y, luego, regresa a Asturias donde realizó en varias ocasiones la travesía Candás- Gijón bajo la supervisión de sus preparadores para fortalecerse en pruebas de resistencia. Tenía deseos de demostrar a la nación entera su valía y su capacidad para el sacrificio y ese día fue el veinticinco de agosto cuando llegó a la ciudad francesa de Calais. En una playa próxima a Cabo Gris Nez y también a las ocho horas de la mañana como en el Estrecho, recibió la orden de salida. Por delante, a unos veinticinco metros, iría el barco control de los cronometradores y el juez de Dover (Reino Unido). Las primeras millas las fue dejando atrás sin mayores contratiempos. Transcurrida hora y  media en el océano, desde la barca en la que va su acompañante Ferradas, se le lanza una botella-biberón pero, a consecuencia de la frialdad de las aguas tuvo un corte de digestión y luego ya no pudo ingerir alimento alguno; no obstante, seguía evolucionando, incluso, por encima de los objetivos previstos. Así va transcurriendo su lucha contra los dominios de Neptuno durante casi toda la mañana pero, pasado el mediodía, las bajas temperaturas del líquido elemento que en nada se asemeja  al que baña el Estrecho, empiezan a hacer mella en su cuerpo y las horas siguientes prometen estar llenas de incertidumbre para el nadador turonés. Los ojos se le van hinchando a causa del salitre y esto le produce una momentánea pérdida de vista. Ferradas, que se da cuenta perfectamente de esta pequeña crisis que está sufriendo, saca una armónica de su bolsillo y empieza a tocarle  el “Asturias, patria querida” con el propósito de animarle y a decir verdad lo está logrando: ¡Ánimo Vitos!- le grita luego entusiasmado. Ve que lo está consiguiendo porque se encuentra a menos de una milla de la costa inglesa. Mas, de nuevo, surgen inconvenientes que parecen insalvables, pues en aquel momento de júbilo, se observa que las corrientes marinas están arrastrando a Vitos unos  veinte kilómetros hacia el oeste y se está perdiendo el tremendo esfuerzo  realizado hasta el momento. Por primera vez en toda la prueba su moral comienza a flaquear, pues ve la meta ahora más lejos cuando la reserva de fuerzas se le va agotando. Pero esta travesía solo está hecha para seres humanos de fortaleza superior y Vitos era uno de ellos. “La consideración de que entonces ya no era yo, sino España y el recuerdo de la fe que todos los turoneses tenían puesta en mí, me ayudó a superar aquellos terribles momentos”-nos confiesa emocionado. Efectivamente, sacando el coraje de lo más profundo de su alma, sangrando por la boca y con manos  y pies medio congelados, alcanza Dover a las 11 horas  y 11 minutos de la noche. Sin fuerzas  y tendido sobre la arena de la playa, no recobró el conocimiento en el hospital hacia donde fue conducido hasta día y medio más tarde. Luego, todavía con muletas, sería recibido en el palacio de Buckingham por la princesa Margarita de Inglaterra y, una vez España,  condecorado por el Jefe del Estado que se encontraba de vacaciones en Galicia. Pero lo mejor estaba por llegar: el día dos de setiembre llegó a Mieres del Camino y en la plaza del Ayuntamiento recibió el agasajo de la inmensa multitud que estaba presente. Faltaba, no obstante, la acogida del héroe en su terruño, en Turón. En un coche descapotable hizo su entrada apoteósica el día tres de setiembre. El Valle, por entonces, era un hervidero de gente que superaba ampliamente los 20.000 almas, convertido en una inmensa factoría en la que se afanaban 8000 trabajadores, girando en torno a la industria carbonífera. Ese fue el Turón que recibió a Vitos. Un Turón cuya autoestima rayaba a gran altura. Cuando llegó a La Cuadriella, numerosas pancartas desparramadas por todas partes hablaban de su gesta: “¡Campeón, campeón!¡De Turón tenías que ser!” A partir de aquí ya se unieron algunos otros coches debidamente engalanados y al  cruzar la Cuestaniana, una gran pancarta suspendida sobre el puente del ferrocarril rezaba de esta guisa:”Vitos, tus compañeros de Vía Estrecha te saludan”. El gentío que abarrotaba ambas márgenes de la carretera era extraordinario. Al llegar a La Veguina el espectáculo resultaba inenarrable: por todas partes se veían infinidad de banderitas y se percibía el olor a pólvora debido al continuo lanzamiento de cohetes que resultaba atronador en medio de gran bullicio de gente que recordaba las memorables fiestas del Cristo de entonces. El eco de los estampidos y los recios vítores de la multitud enardecida llegaban a todos los  pueblos del Valle, desde El Riquixu a Villapendi y de Pandel a Fresneo. Anochecía cuando la caravana motorizada alcanzaba  su punto final en las inmediaciones del Pozo Santa Bárbara. Allí algunas mujeres, entre las que se encontraba su madre, se atravesaron delante del coche y comenzaron a abrazar al vencedor del Canal, antes que la multitud presente- habían bajado muchas gentes de Urbiés- se lo impidieran. Prácticamente, todo el Valle, estuvo presente en el homenaje a Vitos que, con su hazaña, había grabado para siempre con letras de oro el nombre de Turón, pasando este a formar parte de la historia de la natación mundial.

                                                                                     Lito Beyman