El valle del olvido

 

 El primer documento que habla de nuestra tierra, data de mediados del siglo IX.

 

                                                           En la antigüedad remota Asturias, a la que pertenece el territorio al que hoy nos acercamos, sufrió la ocupación de numerosos pueblos( celtas, romanos, suevos, árabes…) y  hay que esperar al siglo IX para obtener por primera vez información escrita sobre Turón. En aquel documento fechado en el año 857, en plena Monarquía Asturiana, germen del actual estado español, se pone de manifiesto la cesión  a la iglesia de S. Salvador, por parte del rey Ordoño I, de algunos bienes entre los que se encuentran las iglesias de san Martino, santo Andrés y las de los santos Justo y Pastor en las cercanías del monte Polio.

                                                   El carácter de estas concesiones y otras semejantes son con toda probabilidad el origen del extenso patrimonio eclesiástico en el Valle que se traduce en las posesiones del monasterio de San Vicente de Oviedo, de la santa Iglesia Catedral y del colegio de san Isidoro de León que son los grandes propietarios entre los siglo IX y XIV. Los bienes de realengo no solo son donados a la Iglesia de Cristo sino también a la nobleza cuando el monarca de turno tiene que recompensarla por su ayuda en la lucha contra el invasor islámico que estuvo en el suelo patrio nada menos que ocho siglos. Ello explica que en el Valle de Turón aparezcan, a partir de entonces, nuevos poseedores de la tierra como los Bernaldo de Quirós que desde su palacio de Figaredo se dedican a administrar  y controlar sus extensas posesiones que todavía superaban las ochenta hectáreas a mediados del siglo XVIII, ahora en manos del marqués de la Casa de Valdés de Gijón a quién había ido a parar como consecuencia de diversos conciertos matrimoniales. A este propietario se une otro aristócrata, el vizconde de Heredia, que , procedente de La Alcarria, comenzará a adquirir tierras a partir de la mitad del siglo XVI y asentará sus reales en la casa solariega de Villarejo.

La Revolución Industrial, aunque de forma tardía, afectó al Valle y, fruto de ello, fue su gran transformación.

 

                                                 Agonizaba el llamado “siglo de las luces” y nadie sospechaba que pronto  iban a producirse  en el territorio pequeños movimientos en el aspecto económico que, a la postre,  habrían de derivar en otros de mayor envergadura que convulsionarían la existencia de sus habitantes. Ocurrió esto cuando un grupo de mercaderes tocó la tierra de nuestros ancestros, perforó el virginal tapiz y hurgó en su interior. Entonces profirió la frase mágica:”!Esto es oro¡”. Semejantes palabras sonaron atronadoras en sus oídos y llenaron de codicia sus corazones. Comenzó entonces la apertura de surcos y se abrieron nuevos hoyos en el vientre de la montaña. Fue el tiempo en que surge el capitalismo industrial, una nueva forma de explotar al pueblo, que sustituye a la antigua nobleza. Es el momento de la aparición de las nuevas empresas  que empiezan a explotar los ricos yacimientos  de oro negro que hay en el subsuelo de Turón, siendo las más renombradas la fundada por el figaredense Vicente Fernández Blanco en términos de Cortina y Hulleras de Turón o la Compañía como la conocerán los turoneses, ambas constituidas en la segunda mitad de la centuria decimonónica. El  Valle, a partir de esos años, sufre una gran transformación tanto en el aspecto morfológico como demográfico y de ser poco más que un rosario de aldeas en 1880 con apenas 2000 habitantes, pasa en 1930 a tener  12000 almas disponiendo de zonas totalmente urbanizadas como La Veguina, Figaredo, Barrio San Francisco, Santandrés,…

El Hno. Ginés fundó el Coro Minero en 1950 y Vitos cruzó el Canal de la Mancha en 1958.

                                     Cuando alborea el siglo XX de su seno ya han salido muchos cientos de miles de toneladas de carbón. convirtiéndose la Compañía en la cuarta empresa más importante del país en su género. Turón es un emporio de riqueza porque el carbón,  es ahora la principal fuente de energía que sirve para generar vapor con el que se moverán trenes, barcos  y fábricas. Sin embargo no todo se reduce allí al trabajo de la mina. La  sociedad turonesa, merced a una poderosa corriente inmigratoria, consecuencia de una fuerte demanda de mano de  obra para su industria, actuó como  un crisol  en el que se fundieron los elementos más heterogéneos y evolucionó pronto adquiriendo un marcado signo vanguardista propio de cualquier ciudad española del  momento como lo constatan las fundaciones culturales,  deportivas y de recreo erigidas en la tercera década de la centuria (Banda de Música, Orfeón, Ateneo Obrero, Club Deportivo Turón, Club Ciclista, cinematógrafo, etc.) Pero no corrían buenos tiempos para la paz. Miguel de Unamuno, el intelectual de más prestigio del momento y buen conocedor del carácter hispano, había alertado de aquel peligro cuando manifestó que  “España es la tierra por la que, desgraciadamente, cruza errante la sombra de Caín”. Y la sombra de Caín  oscureció el cielo de la piel de toro en julio de 1936 con las terribles consecuencias que todos conocemos. Concluida la catástrofe, en el Valle se comenzó a  trabajar, pero ahora con un ritmo endiablado para tratar de levantar un país que había quedado convertido en una escombrera gigante: en 1942, Hulleras de Turón mejoraba el rendimiento de “tiempos  normales”, gracias al esfuerzo sobrehumano a que fue sometido el colectivo obrero por los vencedores de la guerra, obteniendo una producción de 300.000 toneladas convirtiéndose en la segunda empresa carbonera de la nación.  Las condiciones de vida mejoraban lentamente y en 1950 el religioso Hno. Ginés fundaba el Coro Minero que cosecharía notables triunfos en diversos certámenes internacionales. ¡Que ejemplo han dado estos modernos trovadores en tantos  y tantos lugares donde se pensaba que los mineros solo sabían de picar carbón¡….También en 1958,  José Vitos, se convirtió en el primer español que atravesó a nado el Canal de la Mancha grabando así con letras de oro el nombre de Turón en los anales de la natación mundial; el año anterior, el equipo de balonmano “Los Bombarderos” se había proclamado subcampeón de España en la fase final celebrada en Madrid. De aquí también han salido varios futbolistas internacionales (Carrete, David, Redondo) y todo ello ha sido consecuencia, indudablemente, del  extraordinario carácter industrial exhibido por el Valle que en 1960 alcanzaba los 20.000 habitantes y se había convertido en una inmensa factoría en la que faenaban  ¡ocho mil mineros¡  A partir de este decenio, la crisis hullera comenzó a presentarse como algo que comprometía seriamente el futuro del carbón y tuvo su punto culminante en el mes de junio de 2007 cuando se daba cerrojazo a más de siglo  y medio de actividad minera con la clausura del “Pozo Figaredo”.

Actualmente, el Valle, se encuentra en una situación de ruina total: caída al cero absoluto de empleos y retroceso de la población hasta situarse por debajo de los 4500 habitantes.

 

                                                     Para esa fecha, podemos afirmar que los titanes turoneses ya habían vaciado unos ¡cien millones de toneladas de carbón bruto! lo que certifica  que Turón no es un valle cualquiera. Sin embargo, en los años siguientes no fue tratado con esa consideración pues una administración tras otra le fueron despojando de sus medios de vida ya que no tuvieron la decencia de ejecutar un proyecto general que proporcionase  al Valle un futuro digno como  recompensa  a su brillante y singular historia. El pueblo que es sabio no desconoce las causas del desaguisado realizado en Turón en los últimos años : caída al cero absoluto de empleos y retroceso de la población hasta situarse por debajo de los 4500 habitantes. Recuerdo  un día en animada conversación con un grupo de amigos  llegados de Oviedo coincidiendo con la presentación de uno de mis libros en Turón. Les explicaba por primera vez en un bar de La Veguina una síntesis de lo expuesto en la líneas que preceden. Una persona que nos observaba con atención,  preguntó :¿Puedo intervenir?. “Naturalmente que sí”- respondí yo. En pocas palabras se identificó como uno de los últimos trabajadores del “Pozo Santa Bárbara” y cercano a cierto sindicato, que había participado en numerosas asambleas, el cual nos detalló como  uno de los presentes en aquellas reuniones, cierto día, fue “vapuleado” por su falta de coherencia. Más tarde, cuando éste precisamente llegó a manejar a su antojo cantidades millonarias que llegaban del Estado para rehabilitar a las Cuencas no le extrañó al minero de La Rebaldana que se hubiera olvidado de nuestro valle. 

En estos últimos tiempos le han propinado continuos zarpazos al territorio, gran parte de ellos con éxito, empeñados en convertirlo en lo que fue en la época preminera: una aldea.

Es muy probable que el gran deterioro que sufre el valle de Turón en nuestros días sea fruto del rencor de aquella persona. Pues bien, señores, la ruina de Turón parece ser que tiene que ver con el capricho de alguien. Vamos, con la férula, en su forma de actuar, de un determinado ente. No puede explicarse, sino, que un territorio que fue puntero en tantos aspectos haya devenido a tal estado de abandono, casualmente, cuando  las comarcas mineras en su conjunto   recibieron de la nación los réditos de tantos años de degradación del medio ambiente. Nosotros pensamos que hay más de un responsable de la situación caótica de nuestro valle. Son varios y , quizás, todos ellos interrelacionados entre sí pues cada cierto tiempo han intentado darle  nuevos  zarpazos al territorio con el fin de convertirlo en una aldea  de la época preminera. Tenemos dos ejemplos que lo corroboran como fue el intento de suprimir las farmacias de guardia  y el deseo de reducirle competencias al Instituto de Enseñanza Secundaria con el siniestro objetivo de cerrarlo en un futuro próximo. Pero en ambos casos se encontraron con la resistencia obstinada del pueblo turonés y tuvieron que desistir de tan aviesas intenciones para otra ocasión más propicia.                                            :                                        Hace algún tiempo  en una cafetería ovetense, en un crudo día de  invierno, departía con el redactor Luis José de Ávila acerca de la problemática turonesa que siempre le interesó pues debido a su profesión ya conocía Turón  y su mundo desde los años sesenta del pasado siglo de tal manera que incluso Manolito Baquero le había llamado en una ocasión para pronunciar el pregón de las fiestas del Cristo. Pues bien, al final de aquella sustanciosa charla ante unas humeantes tazas de café, le comentaba yo que,  a la vista de los resultados de la historia reciente, si los turoneses no despabilamos, los políticos seguirán durmiendo. Y Ávila con aquella imperturbabilidad que le caracteriza  apostilló: “Y hasta roncarán”. Sabias palabras las de este veterano periodista ovetense.

                        Empero este  negro panorama que observan a diario nuestros ojos, abrigamos esperanzas. Tenemos una fe ciega en que llegará un día cuando un nuevo equipo de rectores, eso sí,  armados de sentido común, se comprometerán seriamente con esta tierra y se cumplirán nuestros anhelos de modernización  y de progreso. Aún es tiempo para ello. Siempre es tiempo.

                                    Lito Beyman.    1916