HOMENAJE A MIS PADRES

 

Una  colaboración excepcional

                                                                                                     Desde su silla de ruedas, mi padre pudo disfrutar con la lectura de los dos primeros libros entre los años 1995 y 1999; sin embargo,  a partir de ese año, que coincide con la publicación de mi tercer volumen sobre el Valle, “Turón. Crónica de medio siglo(1930-1980)”,todo fue distinto. La enfermedad le iba minando y algunos de los medicamentos que, necesariamente, le eran administrados a diario (Neosidantoína) para prevenir, al parecer, ataques epilépticos, le producían efectos negativos como una somnolencia involuntaria y perdía, con bastante frecuencia, la concentración. Fallecería, finalmente, el 9 de abril de 2001 después de 15 años de postración (precisamente desde el momento en que alcanzó la jubilación que no pudo disfrutar) y la víctima principal sería mi madre que fue la que tuvo que soportar mayoritariamente aquella adversidad.

Manolo sastre
1965. Manolo el sastre a los 44 años

Desaparecía, Manolo el sastre, el nombre con el que  familiarmente era conocido, y el inspirador, de alguna manera de esta aventura acerca de la historia de Turón porque desde que tuve uso de razón ya me habló del Turón que él conoció en su infancia como los últimos años del régimen del general  Primo de Rivera y, sobremanera, de los tiempos de la II República de lo que estaba totalmente prohibido hablar en la calle con nadie y que yo experimenté en mi infancia  y juventud. Décadas de los años veinte  y treinta del pasado siglo  que coincidieron con la época más brillante de nuestra tierra desde la óptica industrial y cultural. Todos estos conocimientos fueron decisivos, como ya comenté en alguna otra ocasión, para que un día me decidiera a profundizar en el pasado de nuestro valle.El fallecimiento de mi progenitor fue un duro golpe, si bien  el hecho de padecer una enfermedad tan larga, ya me supuso desde el principio un hándicap pues en condiciones normales su ayuda, tanto física como moral, me hubiera resultado de un valor incalculable. Durante sus largos años de postración, me habló muchas veces de ese apoyo que muy gustoso me hubiera proporcionado, una vez publicados  aquellos libros, pero el destino se fue por otro lado. Con estas líneas quiero dejar patente su colaboración extraordinaria  y capital en el desarrollo de esta historia.

                                                   Con la muerte  de mi padre, la relación con mi madre, Mina de Fresneo, se hizo más intensa y, a medida que iba escribiendo sobre la época inmediatamente anterior a la Guerra Civil, a sugerencias mías, comenzó a volcar todas las anécdotas que había acumulado de sus años de infancia y adolescencia.

Mina de Fresneo II
Mina de Fresneo a los dieciocho años.

De las interminables charlas que mantuve con ella quedé impresionado de la extraordinaria fijación de sus recuerdos y de la meticulosidad con que me contaba cada acontecimiento del que ella había sido protagonista o bien le había ocurrido a sus vecinos o a su propia familia (ver  “En busca del Turón perdido” págs. 124-126 y “El despertar de Turón” págs. 93-94). Llegué a reunir decenas de folios de esas experiencias en las que recogía de sus labios informaciones tan dispares como la recolección de la escanda, (ver “Informaciones del Turón antiguo” págs. 39-40 y 78-81), los nombres de todos sus compañeros y compañeras en las escuelas de Ablaneo y del  “Cuartu San Pedro” y los numerosos topónimos correspondientes a prados y lugares en Fresneo y su entorno. pues, hay que tener en cuenta que la montaña estaba parcelada y cada sitio tenía el nombre correspondiente (ver “En busca del Turón perdido”  págs. 301-303). Gracias a ella permanecerán topónimos en esa zona que sin su concurso se hubieran perdido para siempre, como una prominencia que ya se observa desde Peñule lanzando una visual hacia Ablaneo. Pues por encima de este pueblo aparece un montículo. Su nombre: “el picu l´Aguilera”. Es fácil adivinar que los antiguos le asignaron ese nombre porque veían en el cielo como las aves rapaces merodeaban por aquel lugar; también, por debajo de esa colina, en su lado oeste, hay una pequeña meseta que llamaban “La  llana los cabreros”., denominación que tiene su origen en la parada que allí hacían en la antigüedad los pastores que apacentaban los rebaños comunales.No es de extrañar que, Mina de Fresneo, finalmente, en el aula de Dª Pira del Lago-su última etapa escolar- debido a su aplicación y obediencia, le  permitiera, excepcionalmente, permanecer como alumna hasta los dieciséis años (  los catorce años  era la edad reglamentaria de  salida de la escuela),  De su memoria da fe el hecho de, aún hoy día, con noventa y cuatro años a cuestas,  recuerda todas las capitales de Europa y América, ríos y cabos de la Península y las antiguas regiones españolas con todas sus provincias.

Mina 40 años
Mina de Fresneo a los 40 años.

En cada una de mis obras siempre ha habido ocasión para extraer de aquella carpeta de recuerdos, una anécdota, un relato o una simple información  que encajara en la confección de un determinado capítulo y ese acoplamiento no era difícil ya que se trataba de notas turonesas para un libro de Turón.

                                   La relación con ella fue, desde esa época, efectivamente, más estrecha, porque los años iban pasando inexorablemente y tuve que dedicarle una atención que antes no precisaba, primeramente por su viudedad y más tarde,desde  diciembre de 2007, por su enfermedad ósea. Fue el principio de largas charlas en las que comenzó a contarme multitud de datos sobre sus vivencias de infancia y juventud. Estaba gratamente sorprendido de su memoria fotográfica que me permitió rellenar muchas cuartillas (primeramente era ella misma, por deseo mío, la encargada de pasarlas al papel) sobre aquella época. Estas facultades están plenamente justificadas pues cuando decía adiós a la escuela de Dª Pira en El Lago, era la primera de la clase en las distintas disciplinas (Historia, Geografía, Ortografía, Caligrafía..), algunas de cuyas cualidades aún conserva actualmente, a pesar del tiempo transcurrido. Lectora infatigable del Quijote, cuyo primer contacto lo tuvo a los siete años en la escuela de Ablaneo, volvió a reencontrarse con el mismo, una vez casada, pues mi padre disponía de un volumen editado a finales del siglo XIX.

Mina 82 años
2007. Mina de Fresneo a los 82 años

Entonces lo leyó y releyó infinidad  de veces. Recuerdo, siendo yo un niño todavía, como en ocasiones le comentaba a mi padre, con pelos y señales, cualquier pasaje de la obra cervantina mientras realizaban el trabajo cotidiano en la sastrería. Así fue como oí hablar por primera vez  del Caballero de los Espejos, del encantamiento de Dulcinea, de la novela del “Curioso impertinente”, de la carta de Teresa Panza a la duquesa, del suceso de los galeotes o de la condesa Trifaldi, todos ellos episodios llenos de humor y, asimismo, atiborrados de enseñanzas de la vida,que destilan de cualquier página del libro del  genial literato de Alcalá. 

                                                        La memoria prodigiosa de mi madre no dejaba de asombrarme en cada momento: aún recordaba  diversos poemas de Calderón de la Barca o alguna que otra fábula de Samaniego que venían intercalados en las enciclopedias antiguas  (algunos de estos yo los vi yo por primera vez en los libros de Literatura cuando estudiaba el Bachillerato); también, anécdotas con frases textuales pronunciadas por sus convecinos de las que fue testigo, incluso, de otras narradas por sus  numerosas hermanas y que quedaron grabadas en su mente de forma indeleble. Todo ello me ha permitido diseminarlas sobre la crónica de nuestra tierra, en el lugar adecuado y en el momento oportuno, insuflándole un aroma especial.

Mina de Fresneo a los 93 años

Esta importante aportación no se observa solamente en los  ejemplos señalados en líneas anteriores – citados por ser los más extensos- sino en otros muchos casos donde aparece  una sentencia en forma de poema o cualquier anécdota digna de ser contada. Esas notas imprescindibles. cual si fueran diminutas partículas de sal,  han sazonado la exposición, transmitiéndole ese sabor rancio a antiguo  que ha permitido enriquecer el relato de una época que ya nunca volverá. La aportación de mi madre, queda meridianamente explicado, ha sido extensa, rica y minuciosa, en muchos aspectos de la época campesina y minera que le tocó vivir en su infancia  y juventud.

                                             Por su colaboración ininterrumpida y fundamental en toda esta historia, por los sentimientos inquebrantables de admiración hacia nuestro Turón del alma que supo inculcarme, es de justicia que esta página  sea también dedicada a su recuerdo.