Memoria gráfica del Turón industrial (Tomo II)

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Portada del libro

CARACTERÍSTICAS FUNDAMENTALES  DEL LIBRO

Dimensiones : 24 por  34 cm.

Nº de páginas : 280

Nº de fotografías : 450

Índice Lº VII
Índice del libro

 

 

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                                                 Cuando presenté este  libro VII sobre el valle de Turón se produjo un milagro. La nueva publicación fue como un complemento del  libro II. Por eso lo titulé “Memoria gráfica del Turón industrial (Tomo II)”. El motivo de esta obra obedecía a una necesidad imperiosa pues algunas personas , sobremanera mujeres de cierta edad, se había dirigido a mí para  recordarme que muchas de las fotografías que, amablemente, me habían dejado, no habían visto la luz en los libros anteriores. En parte, tenían razón pero cuando se proyecta un libro y hay que ponerle un límite al número de páginas eso, a veces, es difícil de entender hasta para el mismo autor que, dolorosamente tiene que poner punto y final en un momento dado. Digo esto porque a mí mismo me ha pasado siempre que tengo que finalizar un libro. No obstante, esta “exigencia” de algunas turonesas me obligó a publicar uno nuevo que “solo” llevara fotografías.

 

MEMORIA GRÁFICA DEL TURÓN INDUSTRIAL (TOMO II)

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                           En esta nueva entrega (450 ilustraciones  en 280 páginas), el autor utiliza la fotografía como instrumento vehicular para obtener una singular historia de su valle natal,que pretende ser un examen del ayer y del hoy,de los hombres,también de las mujeres,que poblaron y pueblan el territorio turonés.

                       Aparece en el año 2012, más que como una necesidad,como una obligación con sus lectores,pues debido al cuantioso material fotográfico acumulado, según el propio Lito detalla en el prólogo , “no faltaron vecinos que nos reprocharon,esos sí, cariñosamente siempre,que ésta o aquella imagen,no hubieran sido publicadas después de habérnoslas cedido voluntariamente para tal fin”. Una falta de espacio era el problema.

                                                                       (Editorial)

 

 

ACTOS DE PRESENTACIÓN EN TURÓN, OVIEDO Y GIJÓN

                                           La presentación en el Ateneo de Turón tuvo lugar durante las fiestas del Cristo de 2012. Hubo un milagro, sí, y, por otra parte, sin nada que ver con aquel, una gran satisfacción como si fuera la primera vez que presentaba un libro, aunque esa fecha ya quedaba muy atrás. El caso es que  el año anterior tenía una gran ilusión de que mi madre  que por entonces estaba inválida de hacía unos tres años a causa de una severa osteoporosis que le había aplastado dos vértebras lumbares. Desde años anteriores, casi siempre había participado en todas las presentaciones de mis libros, tanto en Turón como en Oviedo y Gijón reemplazando a mi padre ya fallecido que, en realidad, era el gran entusiasta de aquella aventura literaria. Pues bien, en 2011, mi madre iba a asistir a la presentación de “El enigma de Turón” y al tratar de llevarla al coche, repentinamente, las piernas  le fallaron y tuvo que quedarse en casa acompañada por mi mujer. Como puede suponerse, salí de casa hacia el Ateneo con la consiguiente preocupación pues pensaba que ya no habría otra ocasión. Sin embargo, afortunadamente, mi madre recuperó y en el nuevo año de 2012, estando bien de facultades mentales, a pesar de sus achaques físicos, pudo asistir  a la nueva presentación con la ayuda de una acompañante asistiendo, incluso, después a un pequeño refrigerio con mis amigos y familiares en un restaurante de la localidad. En resumen, con todos los cuidados del mundo, pudo acompañarnos una vez más. Ese fue el milagro al que hacía referencia más atrás. Allí, junto con mis amigos llegados de Oviedo que saben de su constante colaboración en los libros con   sustanciosos detalles que han sido vivencias de su infancia y juventud, fue un poco la protagonista del evento. Incluso uno de ellos, Lorenzo Carbajal, músico por más señas, le dedicó una canción con su acordeón como ya había hecho en ocasiones anteriores. Cuando regresamos a casa eran las doce de la noche y a sus 88 años no se sentía cansada. Era otro milagro. Primero la había cumplimentado Heradio, el poeta nicaragüense que me acompañó   en la mesa, así como  el periodista Luis de Ávila; luego, Baquero , tan detallista como siempre, la consideró la verdadera protagonista de aquel día a causa de la edad pues era la decana de todos los asistentes en la sala. En definitiva, una gran jornada. Para mí y para ella y para todos. Yo al pensarlo quedaba asombrado: cómo, a veces, pasan cosas  que uno cree que no van a ocurrir. Porque el año anterior, imaginaba que no iba  a haber otra ocasión para mi madre al verla tan debilitada y con tantos problemas físicos. Ella, que había sido la que me inculcó el sentimiento profundo hacia nuestra tierra turonesa.

                                 Volviendo a la jornada del Ateneo, hay que reseñar que aquel 15 de setiembre me enfrenté al reto más importante desde que comencé esta aventura histórico-literaria. Esto tiene una explicación: el acto se había programado  a la misma hora que el festival anual que organiza el Coro MInero, el verdadero estandarte de nuestro valle ante el mundo del que estamos profundamente orgullosos todos los turoneses. La verdad es que ocurrió así porque no me dieron otra opción dentro del apretado programa festero de ese año ya que , por otra parte, yo quería a toda costa dar a conocer este nuevo libro durante las fiestas patronales, hecho que tenía lugar por primera vez. Pero, a pesar del horario totalmente adverso que me tocó en suerte, la asistencia ha dicho acto fue más que aceptable: el aforo casi al completo como ha ocurrido siempre desde nuestro primer libro. Pero esta vez para mi tenía un  doble motivo de satisfacción por la coincidencia con el certamen coral. En el Ateneo, con el aforo cubierto, prácticamente, los asistentes tuvieron la ocasión de comprobar la profesionalidad de Longinos Fernández, como coordinador del evento, la veteranía periodística de Luis José de Ávila, la actuación desenfadada de Nicanor Díaz en el comentario de la proyección fotográfica, y la fina ironía de Manuel Baquero que  con sus oportunas anécdotas provocó la sonrisa de los espectadores en más de una  ocasión. Y que decir de Lorenzo, estudioso permanente en la Escuela de Música de Oviedo, que con mano maestra hizo hablar a su acordeón en el tramo final para deleite de todos los espectadores. El nicaragüense Heradio González,  constituyó una novedad dado su origen  americano  y gracias a su poder declamatorio, deleitó a los espectadores con la lectura del poema “Turón fue mucho Turón” y de algunos versos de Rubén Darío del que es un gran entusiasta. Heradio sentía, asimismo, una gran admiración por su madre a la que debía en gran parte su formación intelectual. Con ella  había vivido la mayor parte de su vida hasta la llegada de la Revolución sandinista, pero enferma y  desplazada a Guatemala por causa de aquel conflicto,  falleció en dicho país al poco tiempo ,no pudiendo auxiliarla  por encontrarse retenido en Nicaragua, lo que supuso para él un importante trauma.  Por eso, sabedor de la colaboración de mi madre, de su constante participación en los libros de Turón y que se hallaba presente en la sala, tuvo la delicadeza de ir a saludarla al finalizar del  acto. Pero no solo eso. Heradio, como corresponsal en Asturias de  la revista “Vox populi” de Matagalpa , solía enviar periódicamente a Nicaragua un artículo describiendo  la actualidad cultural de nuestra comunidad asturiana de la que él mismo ha sido partícipe en determinadas ocasiones. Esta vez, al hablar del acto  celebrado en nuestro valle aprovechó, foto incluida, para dedicarle a Mina unas  cariñosas palabras con ese gracejo latinoamericano que le hacen a uno brotar de los labios, inevitablemente, una sonrisa de agradecimiento. Decían así: “En la gráfica, por la derecha en segundo lugar, la dulce madrecita  Dª Mina de Fresneo, que asiste ilusionadamente a la presentación del libro <Memoria gráfica del Turón industrial (Tomo II)>, magistral (sic) obra  de su amado hijo Lito, Manuel Jesús López González”. ¡Gracias, amigo Heradio, por tu delicadeza hacia mi madre! Por lo demás, te has pasado un poco.

                                          El siguiente fin de etapa fue Oviedo. La presentación del libro en el Club Prensa Asturiana mereció especial atención por parte del colectivo turonés. Tenemos a gala el manifestarlo y ello nos llena de legítimo orgullo. Ese día, el 22 de octubre, ante una numerosa concurrencia,  me acompañaron en la presentación Longinos, Ávila  y Heradio, encargándose Andrés Palicio de la explicación de la proyección fotográfica. En esa velada, tuvimos la ocasión de contactar, entre otros, con Aquilino de Urbiés, el ex futbolista del Deportivo Turón, Ciano de “Los cuarteles Nuevos”, Tino del Trichuru, Marta de Misiego, Blanca del Escobal y su marido Ino de Tablao, Juan Luis  y su madre Lena de Enverniego, Esteban de Los Barracones, Jesús  y Pili de La Noval, Senén de Candanal, José Ramón el de Clotilde de Urbiés…Allí estaban también mis amigos incondicionales del Ayuntamiento de Oviedo: Segundo de la Policía Local, Antonio Ron de Estadística, Félix y Gonzalo de Inspección de Tributos, Javier del Registro General, José Antonio de Organización y Sistemas, Luis de Medio Ambiente…. No era la primera vez que teníamos entre el auditorio a un militar de alta graduación del Ejército de Tierra , a un titulado de la Escuela Superior de Ingenieros de Caminos, a un campeón nacional de padel (César de Peñule) y a un ex futbolista de la 1ª División( José Luis Quirós) , todos ellos, lógicamente, relacionados con nuestro valle. Por eso  Turón es grande. También pudo asistir mi madre, convenientemente asistida y acompañada, tan frágil ella, tan limitada por su enfermedad ósea. No obstante estar próxima a  cumplir los noventa  años, su lucidez mental y mi insistencia, le permitió disfrutar de la jornada cultural. Su presencia fue otra de las satisfacciones experimentadas por mí en aquella tarde. Para el mes siguiente, teníamos la intención de desembarcar en Gijón con nuestra maleta viajera repleta de recuerdos  y añoranzas. En su interior llevaríamos el mensaje de Turón que era,cómo no, la esencia de nuestro último libro.

                                      En nuestro particular  recorrido, cada vez que sacamos a la luz un nuevo volumen sobre el valle de Turón, es siempre la ciudad playera nuestro final de trayecto en atención a la amplia colonia turonesa que ha asentado allí su domicilio.  Asimilando estas presentaciones a una carrera “clásica” del ciclismo internacional podemos decir que la primera etapa comienza siempre en Turón ( no podía ser de otra manera), tiene un sprint especial en Oviedo y una meta en Gijón. Aquí, en la ciudad de la costa, el correspondiente acto tuvo lugar el 26 de noviembre a las ocho de la tarde y el lugar elegido esta vez, bajo el patrocinio de La Nueva España, fue el salón de CAJASTUR “Monte de Piedad” en el número 2 de la plaza Monte de Piedad. Pero una hora antes  comenzó a granizar  con tal ímpetu que en pocos segundos  se cubrió  el suelo de un espeso manto cual si de una copiosa nevada se tratara. Daba la impresión como si  la fuerza implacable de la naturaleza se hubiera confabulado  contra nosotros para reventar el acto. Este contratiempo nos traía a la memoria la amarga experiencia pasada en la presentación del libro “En busca del Turón perdido”, años atrás. Recuerdo que en aquella ocasión, una vez superado con éxito ambas dificultades, mi madre que lo vivía con intensidad  exclamó “Parece que el diablo anda detrás, pero no puede con nosotros”. Esta vez la tremenda granizada en el preciso momento en que la gente se disponía a salir de casa- las siete de la tarde- no presagiaba nada bueno. Efectivamente, esto disuadió a una treintena de personas según me testimoniaron telefónicamente (los ex futbolistas Celsín, César y Pano, Mari Paz Copado, Juanjo Fidalgo, Tere Collantes, Mari Carmen la de Antonio del Fabar,…). Unos por su delicado estado de  salud, otros por su avanzada edad y algunos porque vivían en puntos alejados de la ciudad. Y todos ellos por las bajas temperaturas que marcaba el termómetro desde las primeras horas de la tarde que de ningún modo animaba a salir de casa.  Tanto más cuanto al aproximarse la hora señalada, aún seguía el tiempo  desapacible, pues  la lluvia no había cesado. Cuando suceden estos inconvenientes inesperados, siente uno cierta decepción por varios motivos. Hay que  pensar que la investigación y posterior elaboración  de un libro siempre supone varios años de dedicación. También para la presentación del mismo se  necesita el apoyo de diferentes personas y entidades y eso se traduce en la dedicación de otra buena parte del tiempo. Si después de todo esto, la meteorología te juega una mala pasada en el momento más inoportuno intentando cargarse el evento porque solo hayan asistido  una decena de personas como oyentes, eso, inevitablemente, duele en el alma.  En eso pensaba yo cuando faltaban veinte minutos para iniciar el acto. Me acordé de la frase de Felipe II al conocer el descalabro de la flota enviada a Inglaterra. “Yo no envié a mis barcos a luchar contra los elementos”. Se acercaba la hora señalada  y en la sala éramos media docena de personas contando a mi mujer, el representante de La Nueva España y los componentes de la mesa. En el exterior seguía lloviendo como si de un nuevo diluvio se tratara. Por supuesto, ya había anochecido pues ya estaba bien avanzado el otoño y las perspectivas no se presentaban nada favorables como es fácil suponer. Minutos después, fueron llegando, eso sí, provistos de paraguas y de la correspondiente ropa de abrigo,  algunos conocidos como José Luis, el hijo de Benino el del chigre de Tablao, Arturo” Cardíaco” el del Coro Minero, Carreño, Ramón el de Oliva y su mujer Mayte Fraile, Daniel el sastre  y su mujer Margot… Inesperadamente, el ambiente, se fue animando poco a poco, desde aquel momento ya que pronto tuve la ocasión de intercambiar algunas palabras con nuestro futbolista internacional  José Antonio Redondo, que no veía desde los tiempos en que, siendo estudiante de Bachillerato, acudió a mi academia de Matemáticas en La Felguera; venía acompañado de su tío José Luis García Palacios. También  saludé a una hija de Aníbal, el magnífico jugador de bolos. Se trataba de Natalia  compañera mía de estudios en la academia que D. Cesáreo tuvo en La Veguina. También estuvieron presentes, Charo Castañón de Villabazal que era sobrina de Luis Vital,  Paco, hijo de mi buen amigo, el inolvidable Félix Fraile…La hora de las ocho de la tarde se iba acercando y seguían apareciendo turoneses en la sala como mi prima Mari Carmen, su esposo Julián de Santandrés y el padre de éste, Daniel del Gabitu con 94 años a sus espaldas, hecho un verdadero jabato pues su asistencia tuvo un doble mérito: el de la edad y el de estar allí presente con la que estaba cayendo en el exterior. No puedo nombrarlos a todos, evidentemente, pero había más turoneses. No podían faltar, como siempre sucede en estos casos, la presencia de gentes que no son oriundas del Valle pero que por uno u  otro motivo acuden a este tipo de actos. Es el caso del matrimonio formado por Isolina de Tuilla y José Manuel García del Entrego junto con la hija de ambos, Nuria, economista y con sus 24 años cargada ya de cursos extraordinarios y diplomas; sin olvidarme de otro buen amigo, Alfredo Sánchez de Laviana. El reloj marcaba las 7,55 y seguían llegando invitados: Fermín Fidalgo, una hija de Mª Valentín que vivió en El Lago, Pili de La Fernansueria y su vecina Pilar Pallarés, “niña de la guerra” que había nacido en El Gabitu. Al ver la evolución de los acontecimientos el corazón se me iba alegrando por instantes. El potencial auditorio turonés, aunque ligeramente tocado por el meteoro, salió finalmente fortalecido, pues unas cuantas decenas de compatriotas nos hicieron el honor con su presencia. A fin de cuentas, la sala de CAJASTUR al comenzar el acto estaba magníficamente adornada de turonistas. Una vez más se había derrotado a la climatología pero, a fuer de ser sinceros,, el vencedor era un colectivo muy concreto, el de los turoneses, a los cuales, de nuevo,  a través de estas líneas, me dirijo, rindo homenaje y reitero mi agradecimiento por su apoyo y su fidelidad. Me emociono siempre al recordar estos encuentros. Por eso tengo que decir a voces, a gritos si es preciso, como si estuviera extasiado que ¡los turoneses sois formidables!

                                      Para aquella ocasión nos acompañó, una vez más,( desgraciadamente sería la última por su fallecimiento posterior) Manolito Baquero, conocido por todo el mundo,  comprometido con el Valle y   hondamente preocupado por las desgracias que le abaten; también estuvo en la mesa Celso Peyroux, escritor, poeta y cronista oficial de Teverga. Celso es, además, una persona comprometida con la sociedad, debido a sus actividades humanitarias, sobremanera a raíz de la catástrofe producida entre la población de Haití como consecuencia del terremoto que asoló el país. ¿Y qué decir de Nicanor Díaz? que sería el responsable de comentar la proyección fotográfica sintetizando en treinta imágenes el apartado gráfico el libro. Nicanor era, en esa época,  el gestor de una importante empresa radicada en Gijón pero, además, es un experto en Historia.  Y no digamos  en lo que se refiere a Julio César, Cicerón y todo lo que tiene relación con el Imperio Romano ya que puede comenzar una conversación sobre el tema y no tener fin. Pero aquel día, “solo” le dejamos hablar de Turón.