Turón, el valle castigado

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Portada del libro

 

CARACTERÍSTICAS FUNDAMENTALES DEL LIBRO

                                            Dimensiones:     16 por 24 cm

                                            Nº de páginas:    478

                                            Nº de fotos:          430

 

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Relación de colaboradores fotográficos

 

Presentación  del libro en Turón el día del Cristo

                                         En el año 2019 dimos a conocer un nuevo título sobre la historia del Valle: “Turón, el valle castigado”. Lo llamé el “Libro décimo” porque ocupaba ese lugar entre todos los que he publicado sobre nuestra tierra. Fue en el Ateneo de Turón el día del Cristo. Asistieron al acto, el alcalde Aníbal Vázquez y los concejales de Cultura (Juan Ponte) y de Bienestar Social (Teresa Iglesias) y me acompañaron en la mesa caras ya conocidas como José Espiño, el director del Instituto que se jubilaba ese año después de permanecer en el cargo durante veintiséis cursos académicos consecutivos,  y el renombrado periodista turonés Zoilo Martínez de Vega.

 

Sucedió ese día un hecho curioso en el Ateneo

                              Desde la presentación de mis primeros libros, un grupo de unos quince amigos de Oviedo (José Ramón, Antonio Ron, Eloy, José Antonio, Nicanor Díaz, Andrés Palicio, los hermanos Carbajal (Jesús y Lorenzo), Félix, Pedro Cortés, Heradio González… solían venir a esta clase de actos. Pero el catorce de setiembre en que presentamos “Turón, el valle castigado”, por diversas causas justificadas solo asistieron tres de ellos. Sin embargo, estos venían de algo más que oyentes: Longinos Fernández (coordinador) y Antonio Fernández y Urbano Álvarez (reporteros gráficos); también algunos turoneses (José Luis Tirador, Faustino Fernández, Graci, Vanesa Martínez…) se excusaron por otras causas de fuerza mayor.

                             

Nunca se había celebrado el desfile de carrozas el día del Cristo pero ese año que elegí para la presentación de mi libro, sí, coincidiendo con nuestro acto.Yo tenía la fecha señalada de hacía meses y supuso, en principio, una gran contrariedad para mí.

Pero en aquel recinto, cuando comenzó el turno de los oradores, no cabía otra persona. Si hubieran venido las personas referidas, hubiéramos tenido un serio problema para ubicarlas. Este es el motivo por el que esta vez, y sin que sirva de precedente, nos alegramos doblemente, tanto  por las “presencias”( que siempre son de agradecer) como también por las “ausencias”. En este caso, nos queremos referir a aquellas personas que, anticipadamente, nos habían anunciado por uno  u otro motivo totalmente justificado  que no podían asistir. Y nuestra gratitud hacia ellas se funda en que, al no poder acompañarme ese de día, me descargaron  de la incomodidad de tener que hacerles dar la vuelta para su casa con la consiguiente frustración, sobremanera para mí. Hay que precisar  que, simultáneamente, se estaba desarrollando el desfile de carrozas, que por primera vez se programaba para el día grande de las fiestas patronales, y eso disuadió de asistir al acto a  otro grupo de vecinos que optó por no privar a sus pequeños del espectáculo festivo que se desarrollaba por la calle de La Veguina. Es el caso de algunos familiares de las niñas de la Escuela de Gimnasia Rítmica. Su presencia en el Ateneo  ese día hubiera aumentado el problema de aforo al que aludíamos. Por eso, repetimos, que fue la primera vez en que agradecimos que esas personas que, en condiciones normales estarían en el Ateneo, no asistieran por los motivos apuntados. La verdad es que se trata de un hecho excepcional y curioso- nunca nos había ocurrido una cosa igual en las numerosas presentaciones que protagonizamos desde 1995 y, por eso, teníamos que contarlo.

Cuando llegó mi turno para explicar las líneas generales del argumento del libro, tuve un recuerdo especial para mi madre , que ya no pudo asistir por encontrarse bastante enferma, refiriéndome a ella como “la gran ausente en la jornada de hoy, pues desde hace bastantes años, en un día como éste, siempre estaba ahí sentada donde estáis ahora vosotros, acompañada, bien por familiares o por alguna amiga suya”.

Visto el éxito, a pesar de las carrozas, me acordé de la frase que mi madre había pronunciado en Oviedo, años atrás, con motivo de una presentación en Oviedo en un día hostil, meteorológicamente hablando :” El diablo anda siempre detrás, pero no puede con nosotros”

                              Refiriéndonos, ahora, a los asistentes que allí se encontraba, citaremos solo a algunos de los que recordamos sus nombres como Luis Jesús Llaneza de Mieres del Camino (catedrático de Matemáticas y antiguo profesor mío),

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El Alcalde, Aníbal Vázquez, y, a la derecha, la concejala de Bienestar Social, Teresa Iglesias.

José Antonio el de la asesoría y su mujer, el pintor Juan Luis Varela, Tonio Pulgar, viudo de Celina Pardo, Genaro Quevedo, Roberto Rodríguez (arquitecto e hijo de Joaquín de Villandio), acompañado de su mujer e hija,  Omar y Adelita de Santandrés, Juan Luis Rodríguez de Enverniego, profesor en el Instituto de Moreda, Virtudes Díaz de Villandio, Patricia Álvarez del barrio San Francisco, José Julián y Mari Carmen de Santandrés, Julio Arévalo (alumno mío en los años ochenta del pasado siglo), Feli de Villapendi, Licinio Tomillo, José Ramón Cagide y la hermana del dermatólogo turonés Dr. Curto (Leonor) acompañada de su marido Francisco Cabrera y la hija de ambos, Leonor. También tuve unas palabras para el Alcalde, agradeciéndole la atención que había teido conmigo al permitirme presentar un libro en el día grande de la fiesta de mi pueblo como siempre había sido mi deseo. “Una vez consegido eso- le dije- ya me puedo morir tranquilo”

En el mes de octubre presentamos la obra en dos librerías  de Mieres del Camino  y Gijón.

                                        En el mes de octubre hicimos la presentación del libro en Mieres del Camino (Librería “La Pilarica”) y en Gijón (Librería “La Buena Letra”). En ambos casos, me acompañó el amigo e investigador mierense, Alberto Montero, que actuó como iniciador del acto. Y llegó noviembre…

 

En este mes se produjo un hecho terrible para mí: el fallecimiento de mi querida madre “Mina de Fresneo”

                                                          Concluía este mes y el día 25 por la tarde, tuvo lugar el fallecimiento de mi madre. Este funesto suceso, me golpeó con mucha más fuerza, que  cuando, en  1991, fui víctima de aquel gravísimo accidente de tráfico, o cuando en 2001 desapareció mi padre. Porque, ahora, perdía el último vínculo fundamental que me quedaba con Turón. Fallecía la persona con la que había tenido una comunicación directa y diaria desde los ultimos 30 años. Su muerte resquebrjó mi corazón para siempre como si un puñal lo hubiera atravesado. Desde entonces, ya nada será igual para mí. Fue una de esas  sacudidas violentas y devastadoras que suele dar la vida cuando menos te lo esperas. Porque, aunque ya había cumplido  95 años, estaba tan acostumbrado a su presencia, que  pensaba que ese momento tardaría aún mucho en llegar. La veía con una salud deteriorada pero estabilizada en el tiempo, de tal forma que muchas veces pensaba que podría alcanzar  fácilmente los 100 años de edad. Me parecía estar fundamentada esta creencia porque todavía, tres días antes le había dado largos paseos por la Residencia, ayudándose de un bastón, mientras me respodía con prontitud a las preguntas que habitualmente le formulaba sobre Geografía  de Europa y de América, Literatura castellana e Historia de España. Cuando se te muere la madre estamos ante un hecho terrible. Se trata de esa mujer que te ha dado la vida, que te ha cuidado con cariño desde los primeros días de tu llegada al  mundo. Es la mujer que, con alegría, te ha visto crecer  y  que está dispuesta a ayudarte siempre sin pedirte nada a cambio. Si a eso sumamos que soy su único hijo  y que nunca quise buscar un empleo fuera de Asturias para estar cerca de ella y también de mi padre, se entenderá la estrecha relación que mantenía con ellos, a pesar de mi cambio de estado y de domicilio en 1983.  A eso hay que añadir que  desde que enfermó mi progenitor  en 1985 volví a tener ese contacto cotidiano con la casa paterna hasta su fallecimiento en 2001, bien fuera presencial o por vía telefónica. Esta relación se intensificó con mi madre desde entonces pero, sobremanera, en los doce últimos años cuando se le declaró una enfermedad ósea que le privó en parte de su autonomía. Es fácil comprender, por todo lo expuesto, el enorme dolor que me ha producido su marcha hacia la otra vida.

La presentación del libro en Oviedo, estaba programada para el 17 de diciembre  pero, el terrible suceso me hizo dudar y, ahora, quedaba pendiente de un hilo.

                                                La desaparición de mi madre, de repente, me creó un vacío insoportable y entré en una profunda depresión. El tiempo de  dedicación a ella me llenaba un espacio en el que me había acomodado, imprescindible para el desarrollo normal de mi vida en esos momentos. Hay que tener en cuenta que no tengo, ni hermanos ni hijos y mi mujer, en esos días  y desde hacía tiempo, tenía una dedicación casi exclusiva a su madre que se encontraba en una situación similar a la mía ( de hecho, fallecería mes y medio más tarde, a primeros de enero del nuevo año). 

                                                   Me faltaba presentar el libro en el Club Prensa Asturiana de Oviedo. Desde varios meses atrás, había concertado con la directora, María José Iglesias, la fecha del 17 de diciembre a las ocho de la tarde, ya que ese foro de la capital está muy solicitado y es necesario hacer la reserva con bastante antelación. Faltaban tan solo 20 días  y todas las ilusiones se me habían venido abajo. Porque para mí, aparte de mis amigos y, ante la falta de mi padre, el hacer a mi madre partícipe de mis libros sobre mi tierra que era la suya, me producía una alegría indescriptible. Con su ausencia, esos deseos de presentar el nuevo libro habían desaparecido. Me parecía que ya no tenía sentido y, además, no me encontraba con fuerzas para ello.

Entran en escena mis amigos de Oviedo y con acertadas palabras tratan de evitar que suspenda el acto.

                                                         Al contactar con mis amigos de Oviedo (todos me acompañaron en el último adiós a mi madre) y exponerles la intención de suspender el acto programado en el salón de “La Nueva España” mostraron su estupor en un principio. Luego, hubo  alguno de ellos  que aventuró su opinión manifestando su desacuerdo conmigo. Como ya quedó reflejado más atrás, siempre habían sido acompañantes asiduos en este tipo de actos desde bastantes años atrás, todos conocían a mi madre y hasta me dijo alguno que, de vivir ella, nunca habría querido que por su causa  dejara de celebrar la presentación después de dos años de trabajo; en último caso, me aconsejaron que solicitaras un aplazamiento porque el tiempo ha de ir mitigando el duelo. Posiblemente fuera razonable lo que me decían pero mi gran problema es que me encontraba totalmente abatido, mi ánimo estaba por los suelos y no tenía ninguna gana de ponerme delante de un auditorio. Yo me encontraba como enfadado conmigo mismo, como si yo fuera culpable de la situación psíquica en que me encontraba. Además, yo no pensaba que  fuera cuestión de tiempo mi cambio de actitud. Pasaron unos días y tomando unos cafés con otros compañeros del grupo, al incidir sobre la conversación anterior,  les confesé la intención inmediata de trasladarle a la directora del Club de Prensa, la idea, no de aplazar, sino de suspender el acto definitivamente. Pero, aquellos volvieron a la carga. No debía de desentenderme de algo que ya estaba programado porque, en primer lugar, no era la mejor forma de concluir una historia que había iniciado bastantes años atrás. Doy fe que me bombardearon con variados argumentos para revertir la situación y acabaron sugiriéndome la posibilidad de cambiar un discurso que, por cierto ya tenía preparado esta vez con mucha antelación desde el verano, coincidiendo con la finalización del libro. No veían motivo para cerrar un ciclo de esa manera; al contrario, debía de mostrar la firmeza necesaria  para llevarlo a cabo, pues seguramente que mi madre- me decían- estaría más de  acuerdo con esa decisión. Además- me dijo uno de ellos- tenía que convertirlo, más que una puesta en escena del propio libro, en una especie de pequeño homenaje a ella y también a mi padre, por cuanto ellos fueron siempre inestimables colaboradores de todos los libros que había publicado sobre el valle de Turón. Tengo que manifestar que, de nuevo, al escuchar estas palabras, comencé a dudar otra vez. Mi ánimo era deplorable, pero estos amigos que conocían mis sentimientos tal y como si fueran de mi propia familia, supieron tocar mi fibra sensible y su planteamiento , al menos, me hizo reflexionar.

Decido, después de pensarlo varios días, mantener la convocatoria. Al salir en la pantalla unas fotografías de mi madre, contuve las lágrimas a duras penas.

                                    La fecha se aproximaba , pasado uno o dos días llamé a Longinos – el destinado a la coordinación del acto como otras veces- que me habían convencido y el díecisiete de diciembre nos veríamos en el salón de conferencias de La Nieva España. También le confesé que no estaba seguro de no emocionarme. pero que asumiría el riesgo porque, efectivamente, no sería justo ocultar dicho reconocimiento y, además- me daba esa sensación-  sería la última oportunidad  que tendría para realizarlo públicamente. 

                                         Llegó el día anunciado. Además de Longinos, maestro en la ordenación y desarrollo de la jornada cultural, nos acompañó  también Zoilo Martínez de Vega y Xulio Concepción, doctos personajes que tampoco necesitan presentación, pues ya hemos hablado ampliamente de ellos a lo largo de este Blog. Cuando llegó mi turno, expuse brevemente las líneas generales de la nueva obra, así como del olvido

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Zoilo (1), Xulio (2), Lito (3) y Longinos (4), momentos antes de la iniciación del acto en el Club Prensa Asturiana.

insultante a que han sometido a nuestra tierra, es decir, lo que es de obligado cumplimiento en todos mis libros sobre el Valle. Pero, a continuación, hice ver al auditorio mi la tragedia familiar y de la trascendencia que habían tenido mis padres en el desarrollo de todos los libros sobre Turón, incluido el que presentábamos en ese momento. Razón por la cual, era obligado hacer una referencia de ellos, ” y en particular  de mi madre, fallecida hacía tan solo 22 días, que tantas veces se sentó en esas butacas donde estáis vosotros y que por eso hoy, es la gran ausente en este acto”.

                                             Al final, cuando llegó la consabida proyección  que, como siempre, consistía en una selección de 30 fotografías de la amplia colección  que constituía la parte gráfica del libro, al pasar unas imágenes suyas, se me puso un nudo en la garganta que me impedía hablar. Entonces, pedí perdón al público pero, lo cierto es, que tuve la sensación de que los ojos se me humedecían..

 

SINOPSIS DE “TURÓN, EL VALLE CASTIGADO”

 

                                               Apenas han transcurrido dos años desde la última entrega y el autor nos sorprende con un nuevo título “el Libro Décimo”  sobre el valle de Turón, como le gusta decir a Manuel Jesús López González. “Turón, el valle castigado” es un alegato sobre su lugar de nacimiento. Como en casos anteriores, paisaje  y pueblo son tomados con la consideración que se merecen, no solo en el aspecto descriptivo sino también en el gráfico. Prueba fehaciente de ello son los censos demográficos de los años anteriores a la Guerra Civil, que aparecen en la primera parte o las más de trescientas fotografías contenidas en la última mitad. Ello da pie para afirmar que, en conjunto, del presente libro brotan varios miles de personas que, directa o indirectamente, estuvieron integradas en la gran empresa hullera que, gracias a su colosal esfuerzo, dio celebridad al Valle. No se olvida el autor de otras personas relacionadas con la tierra natal que también son dignas de ocupar un puesto de honor en la historia general de la tierra turonesa por sus cualidades humanas o por su brillante trayectoria, tanto en el campo de la cultura como en el mundo de la empresa y la investigación. Tampoco deja atrás aspectos que describen el delicado momento que vive Turón y presenta algunas propuestas para enmendar la deriva que caracteriza la situación actual de un valle condenado por la desidia o, más exactamente, por el olvido al que lo han sometido en estos últimos tiempos.

                 (Editorial 2019)

 

                                      A modo de síntesis

                                                      Como  resumen de  lo expuesto hasta aquí, en este Blog, debo decir que, en general, estos encuentros culturales han constituido siempre un éxito de público. Los actos de presentación de mis libros en Turón, Oviedo y Gijón que, en conjunto, han superado ampliamente la veintena, se han caracterizado por un hecho fundamental que pasamos a explicar. En ellos, a lo largo de los años, se producía, por ley natural, una variación importante de la naturaleza del público entre un acontecimiento y el siguiente: Unas veces eran  unos los concurrentes; en otras ocasiones solían ser mayoría personas  nuevas pero en todos ellos había una cierta cantidad de asistentes fija, que podía cifrarse en un 20% del total. Eran, por conceptuarlos de alguna manera, los incondicionales; el  resto eran  espectadores que venían por primera vez. Con estos datos  y de la importante representación de nativos del Valle que siempre ha habido, se deduce que el número de turoneses distintos que han estado presentes en estos encuentros se pueden contar por centenares. Otro éxito para este modesto proyecto de los libros de Turón. Este pueblo, mi pueblo, ha respondido con la mayor generosidad  a la llamada que hacíamos siempre que veía la luz un nuevo volumen. Razón  por lo cual, me veo obligado a mostrarle mi agradecimiento, una vez más, ante tan  magnífica predisposición . No puedo por menos, que enviaros un sentimiento de gratitud inmenso porque sin vuestro  concurso, sin vuestro apoyo moral, este trabajo no hubiera tenido, ni por asomo, el formato que ha presentado y la  proyección que ha conseguido.

                                                  En los pequeños detalles que hemos explicado en las líneas precedentes no hay ningún atisbo de vanidad. No hay vanidad porque pienso que esto podrían haberlo hechos otras personas poniendo, eso sí, la voluntad que he puesto yo. De orgullo sí. Pero nuestro orgullo es otra cosa muy distinta. Es el orgullo de ser turonés. Es el orgullo que haber nacido en una tierra y formar parte de un pueblo que, en un momento de su existencia, tocó la gloria. Es el orgullo de haber podido explicar, a veces con simples anécdotas que afloran de una realidad perfectamente contrastada, el devenir de un pueblo. Es el orgullo de habernos sumergido en una aventura con verdadera pasión en la que, desde un principio, experimentamos un extraordinario placer. Es la emoción de comprobar cómo aquella tarea, que nos satisfacía plenamente, la veíamos correspondida por la presencia de nuestros compatriotas cuando llegaba la ocasión de  presentar un nuevo libro  y  con la favorable acogida del mismo que se producía después.

                                            La historia de Turón es un tema que nos envuelve a los turoneses y sacude como una tormenta sin dejar indiferente a nadie. La crónica de Turón está edificada sobre vetustos sillares que son sinónimos de grandeza, de sacrificio, de tragedia  y de nostalgia. Todos estos ingredientes se entremezclan en una sorprendente combinación  y de ahí sale la fórmula mágica que constituye la historia de nuestro valle. El ir descubriendo  y describiendo los distintos aspectos que la conforman, ha ocupado, las últimas décadas de nuestra vida al cabo de los cuales nuestra admiración por la tierra madre fue in crescendo. Esta es una de las esencias que llevaremos empapada en el alma en nuestro viaje hacia las estrellas. Por eso no es de extrañar, que nos emocionemos en este caminar al recordar una simple vivencia relacionada con nuestros compatriotas, si nos entusiasmamos por  el  simple hecho de oír el nombre de Turón o cuando, alguien ante nosotros, hace gala de la particularidad de ser turonés. Porque ese sentimiento lo llevamos  grabado a fuego en lo  más profundo de nuestro espíritu.

Salud y suerte para todos

                        Lito Beyman