Turón, el valle castigado

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Portada del libro

CARACTERÍSTICAS FUNDAMENTALES DEL LIBRO

                                            Dimensiones:     16 por 24 cm

                                            Nº de páginas:    478

                                            Nº de fotos:          430

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Relación de colaboradores fotográficos

SINOPSIS DE “TURÓN, EL VALLE CASTIGADO”

                                               Apenas han transcurrido dos años desde la última entrega y el autor nos sorprende con un nuevo título “el Libro Décimo”  sobre el valle de Turón, como le gusta decir a Manuel Jesús López González. “Turón, el valle castigado” es un alegato sobre su lugar de nacimiento. Como en casos anteriores, paisaje  y pueblo son tomados con la consideración que se merecen, no solo en el aspecto descriptivo sino también en el gráfico. Prueba fehaciente de ello son los censos demográficos de los años anteriores a la Guerra Civil, que aparecen en la primera parte o las más de trescientas fotografías contenidas en la última mitad. Ello da pie para afirmar que, en conjunto, del presente libro brotan varios miles de personas que, directa o indirectamente, estuvieron integradas en la gran empresa hullera que, gracias a su colosal esfuerzo, dio celebridad al Valle. No se olvida el autor de otras personas relacionadas con la tierra natal que también son dignas de ocupar un puesto de honor en la historia general de la tierra turonesa por sus cualidades humanas o por su brillante trayectoria, tanto en el campo de la cultura como en el mundo de la empresa y la investigación. Tampoco deja atrás aspectos que describen el delicado momento que vive Turón y presenta algunas propuestas para enmendar la deriva que caracteriza la situación actual de un valle condenado por la desidia o, más exactamente, por el olvido al que lo han sometido en estos últimos tiempos.

                 (Editorial 2019)

Presentación  del libro en Turón el día grande de las fiestas patronales.

                                         En el año 2019 dimos a conocer un nuevo título sobre la historia del Valle: “Turón, el valle castigado”. Lo llamé el “Libro décimo” porque ocupaba ese lugar entre todos los que he publicado sobre nuestra tierra. Fue en el Ateneo de Turón el día del Cristo de la Paz. Asistieron al acto, el alcalde Aníbal Vázquez y los concejales de Cultura (Juan Ponte) y de Bienestar Social (Teresa Iglesias) y me acompañaron en la mesa caras ya conocidas como José Espiño, el director del Instituto que se jubilaba ese año después de permanecer en el cargo durante veintiséis cursos académicos consecutivos,  y el renombrado periodista turonés Zoilo Martínez de Vega.

Sucedió ese día un hecho curioso en el Ateneo

                              Desde la presentación de mis primeros libros, un grupo de unos quince amigos de Oviedo (José Ramón, Antonio Ron, Eloy, José Antonio, Nicanor Díaz, Andrés Palicio, los hermanos Carbajal (Jesús y Lorenzo), Félix, Pedro Cortés, Heradio González… solían venir a esta clase de actos. Pero el catorce de setiembre en que presentamos “Turón, el valle castigado”, por diversas causas justificadas solo asistieron tres de ellos. Sin embargo, estos venían de algo más que oyentes: Longinos Fernández (coordinador) y Antonio Fernández y Urbano Álvarez (reporteros gráficos); también algunos turoneses (José Luis Tirador, Faustino Fernández, Graci, Vanesa Martínez…) se excusaron por otras causas de fuerza mayor.

                             

Nunca se había celebrado el desfile de carrozas el día del Cristo. Sin embargo, esta vez coincidió con la presentación de nuestro libro. Yo tenía solicitado día y hora desde hacía meses y supuso, en principio, una gran contrariedad para mí.

                                         Pero en aquel recinto, cuando comenzó el turno de los oradores, no cabía otra persona. Si hubieran venido las personas referidas, hubiéramos tenido un serio problema para ubicarlas. Este es el motivo por el que esta vez, y sin que sirva de precedente, nos alegramos doblemente, tanto  por las “presencias”( que siempre son de agradecer) como también por las “ausencias”. En este caso, nos queremos referir a aquellas personas que, anticipadamente, nos habían anunciado por uno  u otro motivo totalmente justificado  que no podían asistir. Y nuestra gratitud hacia ellas se funda en que, al no poder acompañarme ese de día, me descargaron  de la incomodidad de tener que hacerles dar la vuelta para su casa con la consiguiente frustración, sobremanera para mí. Hay que precisar  que, simultáneamente, se estaba desarrollando el desfile de carrozas, que por primera vez se programaba para el día grande de las fiestas patronales, y eso disuadió de asistir al acto a  otro grupo de vecinos que optó por no privar a sus pequeños del espectáculo festivo que se desarrollaba por la calle de La Veguina. Es el caso de algunos familiares de las niñas de la Escuela de Gimnasia Rítmica. Su presencia en el Ateneo  ese día hubiera aumentado el problema de aforo al que aludíamos. Por eso, repetimos, que fue la primera vez en que agradecimos que esas personas que, en condiciones normales estarían en el Ateneo, no asistieran por los motivos apuntados. La verdad es que se trata de un hecho excepcional y curioso- nunca nos había ocurrido una cosa igual en las numerosas presentaciones que protagonizamos desde 1995 y, por eso, teníamos que contarlo.

                                        Cuando llegó mi turno para explicar las líneas generales del argumento del libro, tuve un recuerdo especial para mi madre , que ya no pudo asistir por encontrarse bastante enferma, refiriéndome a ella como “la gran ausente en la jornada de hoy, pues desde hace bastantes años, en un día como éste, siempre estaba ahí sentada donde estáis ahora vosotros, acompañada, bien por familiares o por alguna amiga suya”.

Visto el éxito, a pesar de las carrozas, me acordé de la frase que mi madre había pronunciado en Oviedo, años atrás, con motivo de una presentación en Oviedo en un día hostil, meteorológicamente hablando: ” El diablo anda siempre detrás, pero no puede con nosotros”

                              Refiriéndonos, ahora, a los asistentes que allí se encontraba, citaremos solo a algunos de los que recordamos sus nombres como Luis Jesús Llaneza de Mieres del Camino (catedrático de Matemáticas y antiguo profesor mío).

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El Alcalde, Aníbal Vázquez, y, a la derecha, la concejala de Bienestar Social, Teresa Iglesias.

José Antonio el de la asesoría y su mujer, el pintor Juan Luis Varela, Tonio Pulgar, viudo de Celina Pardo, Genaro Quevedo, Roberto Rodríguez (arquitecto, hijo de Joaquín de Villandio y sobrino mío), acompañado de su mujer e hija,  Omar y Adelita de Santandrés, Juan Luis Rodríguez de Enverniego, profesor en el Instituto de Moreda, Virtudes Díaz de Villandio, Patricia Álvarez del barrio San Francisco, José Julián y Mari Carmen de Santandrés, Julio Arévalo (alumno mío en los años ochenta del pasado siglo), Feli de Villapendi, Licinio Tomillo, José Ramón Cagide y la hermana del dermatólogo turonés Dr. Curto (Leonor) acompañada de su marido Francisco Cabrera y la hija de ambos, Leonor. También tuve unas palabras para el Alcalde, agradeciéndole la atención que había tenido conmigo al permitirme presentar un libro en el día grande de la fiesta de mi pueblo como siempre había sido mi deseo. “Una vez conseguido eso- le dije- ahora ya me puedo morir tranquilo”

En el mes de octubre presentamos la obra en dos librerías  de Mieres del Camino  y Gijón.

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                                        En el mes de octubre hicimos la presentación del libro en Mieres del Camino (Librería “La Pilarica”) y en Gijón (Librería “La Buena Letra”). En ambos casos, me acompañó el amigo e investigador mierense, Alberto Montero, que actuó como iniciador del acto. Y llegó noviembre…

En noviembre se produjo un hecho que me causó una gran conmoción: el fallecimiento de mi querida madre “Mina de Fresneo”.

                                                          Concluía este mes y el día 25 por la tarde, tuvo lugar el fallecimiento de mi madre. Este funesto suceso, me golpeó con mucha más fuerza, que  cuando, en  1991, fui víctima de aquel gravísimo accidente de tráfico, o cuando en 2001 desapareció mi padre. Porque, ahora, perdía el último vínculo fundamental que me quedaba con Turón. Fallecía la persona con la que había tenido una comunicación directa y diaria desde los últimos 30 años. Su muerte destrozó mi corazón para siempre como si un puñal lo hubiera atravesado. Desde entonces, ya nada será igual para mí. Fue una de esas  sacudidas violentas y devastadoras que suele dar la vida cuando menos te lo esperas. Porque, aunque ya había cumplido  95 años, estaba tan acostumbrado a su presencia, que  pensaba que ese momento tardaría aún mucho en llegar. La veía con una salud deteriorada pero estabilizada en el tiempo, de tal forma que muchas veces pensaba que podría alcanzar  fácilmente los 100 años de edad. Me parecía estar fundamentada esta creencia porque todavía, tres días antes le había dado largos paseos por la Residencia, ayudándose de un bastón, mientras me respondía con prontitud a las preguntas que habitualmente le formulaba sobre Geografía  de Europa y de América, Literatura castellana o Historia de España. Cuando se te muere la madre estamos ante un hecho terrible. Se trata de esa mujer que te ha dado la vida, que te ha cuidado con cariño desde los primeros días de tu llegada al  mundo. Es la mujer que, con alegría, te ha visto crecer  y  que está dispuesta a ayudarte siempre sin pedirte nada a cambio. Si a eso sumamos que soy su único hijo  y que nunca quise buscar un empleo fuera de Asturias para estar cerca de ella y también de mi padre, se entenderá la estrecha relación que mantenía con ellos, a pesar de mi cambio de estado y de domicilio en 1983.  A eso hay que añadir que  desde que enfermó mi progenitor  en 1985 volví a tener ese contacto cotidiano con la casa paterna hasta su fallecimiento en 2001, bien fuera presencial o por vía telefónica. Esta relación se intensificó con mi madre desde entonces pero, sobremanera, en los doce últimos años cuando se le declaró una enfermedad ósea que le privó en parte de su autonomía. Es fácil comprender, por todo lo expuesto, el enorme dolor que me ha producido su marcha hacia la otra vida.

Después de la pérdida, tan dolorosa para mí, la presentación del libro en Oviedo, estaba en el aire. Se había programado para el 17 de diciembre  pero, la desaparición de mi madre me hizo dudar y, ahora, todo quedaba pendiente de un hilo.

                                                La desaparición de mi madre, de repente, me creó un vacío insoportable y entré en una profunda depresión. El tiempo de  dedicación a ella me llenaba un espacio en el que me había acomodado, imprescindible para el desarrollo normal de mi vida en esos momentos. Hay que tener en cuenta que no tengo, ni hermanos ni hijos y mi mujer, en esos días  y desde hacía tiempo, tenía una dedicación casi exclusiva a su madre que se encontraba en una situación similar a la mía ( de hecho, fallecería mes y medio más tarde, a primeros de enero del nuevo año). 

                                                   Me faltaba presentar el libro en el Club Prensa Asturiana de Oviedo. Desde varios meses atrás, había concertado con la directora, María José Iglesias, la fecha del 17 de diciembre a las ocho de la tarde, ya que ese foro de la capital está muy solicitado y es necesario hacer la reserva con bastante antelación. Faltaban tan solo 20 días  y todas las ilusiones se me habían venido abajo. Porque para mí, aparte de mis amigos y, ante la falta de mi padre, el hacer a mi madre partícipe de mis libros sobre mi tierra que era la suya, me producía una alegría indescriptible. Con su ausencia, esos deseos de presentar el nuevo libro habían desaparecido. Me parecía que ya no tenía sentido y, además, no me encontraba con fuerzas para ello.

Entran en escena mis amigos de Oviedo y con acertadas palabras intentan evitar suspensión del acto.

                                                         Al contactar con mis amigos de  (todos me acompañaron en el último adiós a mi madre) y exponerles la intención de suspender el acto programado en el salón de “La Nueva España” mostraron su estupor en un principio. Luego, hubo  alguno de ellos  que aventuró su opinión manifestando su desacuerdo conmigo. Como ya quedó reflejado más atrás, siempre habían sido acompañantes asiduos en este tipo de actos desde bastantes años atrás, todos conocían a mi madre. Alguno de ellos me llegó a insinuar  que no debía de tomar esa decisión tan drástica después de tantos años presentando libros de Turón en los que ella participaba. Porque, seguramente, que ella nunca habría querido que por su causa  dejara de celebrarse la presentación de un libro que me había ocupado los dos últimos años. En último caso, me aconsejaban que solicitara un aplazamiento porque el tiempo iría mitigando el duelo. Posiblemente fuera razonable lo que me decían pero mi gran problema es que me encontraba totalmente abatido, mi ánimo estaba por los suelos y no tenía ninguna gana de ponerme delante de un auditorio. Me encontraba como enfadado conmigo mismo, como si yo fuera culpable de la situación psíquica en que me encontraba. Además, yo no pensaba que  fuera cuestión de tiempo mi cambio de actitud. Se consumieron algunas jornadas y un día de paso por Oviedo en que compartía unos cafés con otros compañeros del grupo, al incidir sobre la conversación anterior,  les confesé la intención inmediata de trasladarle a la directora del Club de Prensa, la idea, no de aplazar, sino de suspender el acto definitivamente. Pero, aquellos volvieron a la carga. No debía de desentenderme de algo que ya estaba programado porque esa no era la mejor forma de concluir un ciclo que- según opinión suya, bastante subjetiva por nuestra amistad- había desarrollado con brillantez durante bastantes años. Etapa en la que mi madre había participado de forma muy activa, tanto en los actos  de apertura de  los libros como en el contenido de los mismos. Esta última apreciación sí que es cierta porque fueron testigos de ello y, en consecuencia, hablaban con conocimiento de causa. Puedo dar fe que me bombardearon con estos y otros argumentos para revertir la situación, utilizando hasta el halago para convencerme.  Yo me preguntaba lo poco que sirven esas palabras agradables al oído cuando eres presa en tu interior de un dolor que te roe las entrañas. Lo agradeces, eso sí y sobremanera sabiendo de donde vienen, quienes son los que las emiten. Te das cuenta que lo hacen por ayudarte, por sacarte del abismo en el que estás sepultado, pero da igual…

                                          Estaba con esos pensamientos, mientras agotábamos unos cafés, cuando iban a marcharse cada uno para su casa y yo con mi pesimismo para la mía. Todavía uno de ellos, como queriendo vencer ese rechazo mío a celebrar el acto, dejó caer en el aire que cabía otra posibilidad que podía arreglarlo todo.  Consistía en realizar un cambio radical al discurso, es decir, necesitaba dar un giro, un sentido diferente a la presentación. Rotación imprescindible en la que, Vamos,  sin renunciar a un hilo de contacto con el argumento del libro, mantuviera siempre otra conexión con el mismo, a través del momento extraordinario que yo estaba viviendo.

                                 El cambio de discurso era el siguiente: más que una puesta en escena del propio libro, debía de transformarlo en una especie de pequeño homenaje a ella y también a mi padre, por cuanto ambos fueron siempre inestimables colaboradores de todos los libros que había publicado sobre el valle de Turón.

                                  Muchos de estos amigos ya sabían  que,  debido a la ocupación que me daba mi pobre madre por su enfermedad, el discurso , esta vez, ya lo había elaborado con  mucha antelación, coincidiendo con la conclusión del libro en el verano. Vamos, para no tener problemas de última hora.     De ninguna manera- repetían una y otra vez-venían motivos para cerrar la investigación de la tierra natal de un modo tan brusco, algo parecido a como aquel que aquel que sale por la puerta de atrás sin despedirse del auditorio. “Comprendemos tu dolor perfectamente y lo compartimos- me decían- pero ¡Todavía no te has muerto, Lito! Tienes que demostrar la firmeza necesaria  para celebrar el acto y esa será tu decisión más correcta”.

Tuvieron que pasar algunos días más para posicionarme definitivamente.

                                         Tengo que manifestar que al escuchar aquellas palabras, comencé a dudar otra vez. Mi ánimo era deplorable, pero estos amigos que conocían mis sentimientos tal y como si fueran de mi propia familia, supieron tocar mi fibra sensible y su planteamiento, me hizo reflexionar de unos días más. Sí,  cambiaría el discurso.  Lo convertiría en otro en el que  se recordara la memoria de mis padres, no por el hecho de serlo, sino por su apoyo moral y su colaboración efectiva en todos  y cada uno de mis libros sobre el Valle.

Al salir en la pantalla unas fotografías de mi madre, contuve las lágrimas a duras penas.

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Zoilo (1), Xulio (2), Lito (3) y Longinos (4), momentos antes de la iniciación del acto en el Club Prensa Asturiana.

                                    La fecha se aproximaba , pasado uno o dos días llamé a Longinos – el destinado a la coordinación del acto como otras veces- que me habían convencido y el díecisiete de diciembre nos veríamos en el salón de conferencias de La Nieva España. También le confesé que no estaba seguro de no emocionarme. pero que asumiría el riesgo porque, efectivamente, no sería justo ocultar dicho reconocimiento

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1965. Manolo el sastre en Oviedo.

y, además- me daba esa sensación-  sería la última oportunidad  que tendría para realizarlo públicamente. 

Mina de Fresneo II
1942. Mina de Fresneo a los dieciocho años en el baile de Tablao.

                                         Llegó el día anunciado. Además de Longinos, maestro en la ordenación y desarrollo de la jornada cultural, nos acompañó  también Zoilo Martínez de Vega y Xulio Concepción, doctos personajes que tampoco necesitan presentación, pues ya hemos hablado ampliamente de ellos a lo largo de este Blog. Cuando llegó mi turno, expuse brevemente las líneas generales de la nueva obra, así como del olvido insultante a que han sometido a nuestra tierra, es decir, lo que es de obligado cumplimiento en todos mis libros sobre el Valle. Pero, a continuación, hice ver al auditorio mi la tragedia familiar y de la trascendencia que habían tenido mis padres en el desarrollo de todos los libros sobre Turón, incluido el que presentábamos en ese momento. Razón por la cual, era obligado hacer una referencia de ellos, ” y en

2005. Mina de Fresneo a los 81 años en el salón de actos de la Escuela de Hostelería de Gijón.

particular  de mi madre, fallecida hacía tan solo 22 días, que tantas veces se sentó en esas butacas donde estáis vosotros y que por eso hoy, es la gran ausente en este acto”.

2017. Mina de Fresneo a los 93 años en el Ateneo de Turón.

                                             Al final, llegó la consabida proyección  que, como siempre, consistía en una selección de una treintena de fotografías de la amplia colección  que constituía la parte gráfica del libro Pero esta vez, por la causa excepcional apuntada, añadí unas instantáneas de ambos y, en particular de mi madre, referentes a distintas épocas de su vida.  Pero cuando aparecieron en la pantalla aquellas instantáneas suyas, se me puso un nudo en la garganta que casi me impedía hablar. Entonces, pedí perdón al público pero  es, en aquellos momentos, tuve la sensación de que los ojos se me estaban llenando de lágrimas.

Palabras pronunciadas por Xulio Concepción en la presentación del libro “Turón, el valle castigado” en el Club Prensa Asturiana el 17 de diciembre de 2019.

Buenas tardes a todos los presentes:

  1. A) El paisaje interior que se levanta de la lectura de un libro: de un documentado cronista de a pie.

Ya desde la portada del libro, el mismo título resume con un adjetivo el contenido de las cuatrocientas y muchas páginas que se irán abriendo detrás: el valle castigado“.

Un adjetivo aplicado a un valle de TURÓN, que bien pone en mayúscula y letra grande, pero con el adjetivo detrás, como crítica constructiva a todo un proceso de siglos de productos y trabajos, relegado, olvidado por intereses externos, ante lo que el autor propone un conjunto de soluciones posibles que también resume en una frase de Gandhi a modo de aviso introductorio:

“La fuerza del pueblo no estriba en la capacidad física si no en su voluntad indomable”

Ya desde el prólogo, el autor se funde con el paisaje que le vio nacer, y en el que se fue convirtiendo con el tiempo en verdadero cronista de a pie más allá de simples artículos de prensa o actos oficiales al uso: los diez libros de Lito publicados sobre el valle de Turón atestiguan un tipo de cronista especial; el que dedica toda su preocupación, pensamiento y expresión a la tierra que resume en otra frase como dedicatoria ya desde el mismo prólogo:

                                                          “Volveré a ser carbón de donde vine”

Pero un cronista que estudia el devenir de todo un valle, de un poblamiento de siglo en siglo, con una perspectiva que trasciende los límites geográficos de unos pueblos concretos. Pues, en realidad, lo que dice el autor de un valle mineru -un valle que antes fue agricultor y ganadero-, se podría decir de tantos otros pueblos de montaña en cualquier otra región o país, en circunstancias parecidas. Se podría resumir con la frase atribuida a los novelistas rusos, León Tolstói, Antón Chéjov:

                                 “Si quieres ser universal habla de tu pueblo”

Una frase con muchas versiones, pues resume esa capacidad literaria, documental, científica, en definitiva, de alguien que profundiza en el devenir de un poblamiento humano hasta el punto de convertirlo en modelo de lo que está ocurriendo en otros a muchos km de distancia. Lo resumía también el escritor leonés Julio Llamazares con otra frase parecida, igualmente atribuida a los novelistas rusos:

                            “Dame una teja de tu pueblo y te contaré como es el mundo”

Y así empezaría Lito su andadura con las palabras habitadas que bien conocía desde su tierra turonesa: a reconstruir en esos diez libros, hasta la fecha, la vida universal de un poblamiento que pasó por todas las etapas de desarrollo en plena época industrial.

Un vecino nativo que se convirtió en escritor por una cadena de circunstancias, como chispa inicial para empezar a escribir: un accidente, un primer paso por la genealogía familiar, unos archivos que lo engancharon para siempre; una primera publicación muy sentida, como fue aquella novedosa primicia para el artículo del Brigadier Solís, benefactor de la llamada Colegiata de Murias (Aller)… Como ya adelanta el autor en el prólogo del libro:

“Con todos estos ingredientes la idea estaba servida. Si a esto sumamos el fuerte sentimiento de mi madre, Mina de Fresneo, hacia Turón…, esa atmósfera especial en la que crecí fue empapando mi alma y llegó el día de poner en marcha el proyecto de ahondar en la historia de Turón” (p. 15)

Así llegó Lito a este libro número diez -por el momento- que podríamos resumir en una serie puntos multidisciplinares, pues al estudio podríamos ponerle muchos adjetivos como valores documentales al alcance de cualquier investigador.

Un estudio local, pero universal al tiempo, global y glocal -que se dice ahora-, y como apuntamos más arriba. Un estudio complejo para los archivos asturianos y de cualquier biblioteca mucho más allá de unas cuencas mineras y del valle de Turón.

 

Podríamos resumir unos cuantos aspectos en la lectura del libro:
  • Una lectura etnográfica del libro. En el libro se van sucediendo varias páginas que van describiendo la vida de un valle desde mediados del s. XIX, en tiempos de Isabel II, hasta estos mismos días del s. XXI, con la jubilación de uno de los agentes más creativos de la cultura al servicio de unos pueblos rurales, con todos sus problemas detrás: José Espiño, el entusiasta, y popular, admirado, respetado, director de Turón durante varias décadas; y a pesar de unas cuantas peripecias por el medio, siempre por su decidida dedicación a los alumnos y a los pueblos del valle..

Pues José Espiño (Pepe Espiño, para todos) hizo el milagro no sólo de impedir el cierre de un Instituto de Enseñanza entre montañas, sino de conservarlo, mejorarlo, actualizarlo, completarlo…, durante 26 años, hasta convertirlo en la mayor empresa de la zona por el número de trabajadores implicados hoy mismo (con el mayor número de trabajadores, según las estadísticas). Un verdadero milagro en el sentido de la palabra: hecho admirable, asombroso, ciertamente (lat. miraculum). Digno de mirar, de admirar, que lleva la misma raíz remota.

  • Una lectura antroponímica del libro. Página tras página, cientos y cientos, sin duda miles, de nombres, se van sucediendo en las documentadas listas de nombres personales que vivieron y viven en estos pueblos; o que llegaron de otras regiones y países a trabajar en las minas y las industrias del valle durante estos últimos siglos. Sólo en el año 1919, ingresaron 1.600 trabajadores en Hulleras de Turón, según los datos del libro, a modo de ejemplo.

Con todo el desarrollo que suponía para el comercio local, las panaderías, la ganadería, la agricultura, la vivienda, la construcción, el transporte… Unas 50 páginas dedica el autor a trabajadores del valle, con sus Nombres y Apellidos, origen geográfico -local, regional, extranjero-, oficio minero, lugar de trabajo en cada Pozu… Un documento que daría lugar a muchas bases de datos y estadísticas al alcance de cualquiera también.

  • Una lectura toponímica del libro. En su recorrido paisajístico, minero, industrial, fotográfico por el valle de Turón y alrededores, en las páginas del libro van apareciendo, con sus topónimos, los diversos pueblos y caseríos, los barrios y las caleyas, los montes, los valles, las peñas, los regueros, los ríos, los centros escolares, los lugares del deporte, las romerías, las iglesias, las capillas…: Santa Marina, Villabazal, Peñule, La Cuadriella, Carabatán, Villapendi, Urbiés, Repedroso, La Veralcamín Cientos y cientos de topónimos, muchos de ellos ya en desuso o en proceso de olvidarse por falta de quíen los mencione o viva en ellos, los frecuente, los habite, en las palabras por lo menos…
  • Una lectura fotográfica del libro. Casi unas 200 páginas dedica el autor al paisanaje de estos pueblos turoneses: homes y muyeres, guajes y mayores…, se van sucediendo en cientos de fotografías, con ocasiones diversas; fiestas, romerías, procesiones, bodas, bautizos, celebraciones familiares, personajes populares, excursiones parroquiales, equipos de deportes, grupos juveniles, campos de fútbol, oficios tradicionales, trabayos en las minas, actos institucionales, actos escolares... Muchos, niños y niñas entonces, ya mayorinos y mayorinas hoy…

Otros y otras sólo ya seguirán viviendo en la memoria de los lectores, de sus conocidos, de sus familiares… al hojear estas páginas. Un documento de interés, con muchas lecturas de las fotos de paso: la forma de vestir, la expresión de los ojos, las formas de sentarse o de estar de pie según los casos, los utensilios de trabajo, las fiestas, las romerías, las comidas familiares…….

  • Una lectura artesanal. Muchos oficios de los pueblos se van sucediendo en las páginas del libro; los oficios artesanales: los canteros, los carpinteros, las cocineras, las lavanderas, los gaiteros, tamboriteros, cordionistas… Y los oficios mineros: el picador, el ramplero, el barrenista, el mampostero, el vagonero, el caballista, el pinche
  • Una lectura cultural, educativa. Otras cuantas páginas dedica el autor a los centros educativos: los colegios, la creación del Instituto de Bachillerato, La Formación Profesional… Y así va destacando figuras como José Ramón Vázquez o Pepe Espiño, decisivos en la creación y desarrollo de toda una serie de actividades para los jóvenes del Valle y alrededores, pues a los distintos ciclos y especialidades profesionales, acuden alumnos de otros conceyos circundantes.
  • Una lectura musical, literaria, deportiva, folclórica... Otras cuantas páginas dedica el autor a la vida musical de estos pueblos: de reconocimiento internacional fue siempre el Coro Mineru de Turón, desde más de medio siglo atrás: sus conciertos en Bélgica, Francia, Alemania…O de figuras literarias y periodísticas locales, como Zoilo Martínez de Vega, José Manuel Regal, o Manuel Noval, que recuerda escenas de aquella vida en los pueblos, cuando ni luz había en las casas. Y así narra Manolo con humor el día de su nacimiento:

Yo no sé qué hora sería/ que estaba oscuro lo sé/ porque la luz no existía/ en el pueblo en que nacía/ un portentoso bebé.

   O figuras del deporte, como Janis Fernández, el Club de Gimnasia Rítmica, o la popular Malia, la Pixarra turonesa, forofa del Deportivo Turón, al que no faltaba partido como alma entusiasta y animosa que trasmitía ilusión a jugadores y asistentes al estadio.

  1. B) El paisaje exterior que se fue imponiendo desde afuera por razones      muy diversas, y en parte programadas, manipuladas….
  • El paisaje Industrial que se deduce del libro. Un dato poco conocido es el que resume el autor para el trazado del ferrocarril entre Asturias y León que, según aquel proyecto de mediados del s. XIX pasaría por el valle de Turón y por Aller, para conectar con los altos de Güelles camino ya de Payares y Busdongo, evitando así las curvas de Fierros, Malveo, Casorvía.

Por la entrada desde León, los trenes de Busdongo atravesarían La Perruca, bajarían por Payares, Naveo, Cabezón, Güelles, Congostinas... De ahí se abriría un túnel al río Negro en Murias de Santibanes; descenderían por Moreda, Caborana, Santa Cruz, Ujo Taruelo, y a Figaredo, donde se uniría el ferrocarril a Turón.

Para el autor, era la oportunidad de convertir el Valle de Turón en un centro industrial directamente comunicado con las ciudades más importantes del país; pero otras decisiones políticas frustraron el proyecto, que se trazaría ya por el actual de Campomanes y Fierros. Una oportunidad perdida con todas sus consecuencias para el desarrollo de su industria local y de sus pueblos.

  • El paisaje Político, Económico, Especulativo… El autor dedica varias páginas también a la situación programada que llevó al Valle de Turón a la situación actual. Sobre todo, en el último capítulo, El Valle castigado, lamenta que no se haya permitido un progreso en el pueblo posminero. Y así cita asociaciones que lo intentaron como Mejoras del Valle, que terminó por encontrarse con los enemigos de turno. Y así el autor compone otros sentidos versos:

Perdido en la neblina/ vive este valle olvidado/ esperando su futuro/ que hasta ahora le negaron/ Seguiremos construyendo/ en nuestra imaginación/ lo que otros destruyeron/ sin conciencia ni rubor.

  1. C) El paisaje ulterior que llegó al milenium
  • Un estilo autobiográfico. Como se apuntó al principio, desde las primeras a las últimas páginas, el autor va uniendo las distintas etapas por las que fue atravesando el valle de Turón con el hilo personal de su vida como nativo del pueblu: nacimiento, famila de xastres, estudiante, universitario, profesor de academia, funcionario del Ayuntamiento de Oviedo, investigador de archivos y de pueblos, autor de varios libros…

Hasta cuenta ese motivo inicial de su cambio de vida cuando se decidió con entusiasmo a profundizar en la historia de Turón a partir de aquel accidente que le tuvo año y pico de baja. Y así hasta ese último capítulo en que, como vecino del valle sigue preocupado por su futuro y propone una serie de soluciones posibles para que tenga un futuro próspero como disfrutó antaño.

  • Un paisaje con notas autobiográficas, en definitiva, pero constructivo, solidario, prospectivo, creativo… Pensando siempre en el futuro, el autor cita ascociaciones actuales como el Centro de Estudios Valle de Turón (CESVAT) que sigue intentando a su medida un proyecto de recuperación de estos pueblos, a través de una reindustrialización posible, como se hizo en circunstancias parecidas en otras regiones y países.Un programa integral, con una mesa de negociación que promueva la equipación de nuevos equipamientos y servicios; la recuperación medioambiental, la eliminación de escombreras para recuperar nuevos espacios, la mejora de las infraestructuras, la vivienda… Y hasta el día de la patria turonesa, a la que dedica un par de páginas finales el autor.

Con un par de poemas a modo de símbolo para una nueva etapa de   esperanza:

  • Un poema de Pepe Espiño, que toma como símbolo las aguas del río Turón que dio nombre al valle, pues en un principio el nombre se debe al río, que con sus fértiles riberas fue creando y construyendo el pueblo turonés se siglo en siglo. Alguna estrofa reza así:

“¡Pero, oh tú, entrañable río Turón, forjador eres de un pueblo! / Hoy y aquí, reunidos en tus orillas/ puesto el atento oído a tu eterna estrofa de vida/ celebramos la proeza de un río, que soñó y se empeño en ser pueblo”

  • Y unas estrofas más del autor, que exige con firmeza la modernización de un valle que siempre les negaron; que exige un camino para las generaciones futuras, comenzando por los niveles educativos, la implicación de las autoridades educativas, políticas… Así lo expresa el autor con palabras más poéticas:

         “¡Pueblo mío nunca olvides/ lo triste que fue esta racha/ No hay recompensa sin   lucha/ y la lucha será larga/ pero imposibles de hoy/ serán posibles mañana”…

  • Todo un programa, en fin, el que propone el autor Lito, en versos octosílabos, tal vez pensando en el origen estilístico de los romances castellanos medievales: siempre en versos de ocho sílabas, porque era la forma de que el oyente retuviera mejor los contenidos cadenciosas.La poesía, como es sabido, nació para el oído, para la recitación y la escucha activa, pues no fue pensada para la lectura, en unos tiempos de tan precarios y escasos de papel; y con tan pocas escuelas y libros para aprender a leer una inmensa mayoría.Tal vez, también aquí, aunque por razones muy diversas, el autor adopta -y adapta- un estilo parecido al de los romances juglarescos o trovadores, y pone en verso su proyecto programático, por si a las autoridades competentes, los políticos de turno, lo retuvieran mejor en versos cortos con melosas cadencias musicales. Resumimos el poema bastante más largo:

No nos dejaban hablar/ ocurrió hace cierto tiempo/vivimos añoS oscuros/ donde imperaba el silencio/ con la esperanza en el alma/ de que todo diese un vuelco…

Cuando al fin llegó aquel día/ en que dijimos: ¡Gritemos!/ y henos que estamos aquí/ a exigir nuestros derechos…

Llegó el día deseado/ para los miles de obreros/ curtidos en mil batallas/                pobladores de este suelo/ para miles de mujeres/ que alimentaban un sueño…

Pero ¡quiá! frente a nosotros/ negociadores sin duelo/ insensibles a la historia/ que está grabada en el viento/ que sopla en estas montañas/ entre Polio  y Navaliego/ Esta tierra singular/ la trataron con desprecio/ con mentiras, con promesas/ que,   después, nunca cumplieron.

En fin, como decíamos al principio, la lectura del libro de Lito -este décimo libro suyo sobre el valle de Turón, de momento- nos va llevando de capítulo en capítulo, de una etapa social a la siguiente, de unos personajes más populares a otros decisivos a la hora de construir -o destruir- la vida de estos pueblos en los dos últimos siglos, sobre todo.

Y todo ello, lo vamos deduciendo de unas páginas muy sentidas, con palabras que nos van traduciendo el pensamiento, los sentimientos del autor a cerca de la realidad que vivió desde pequeño, y que sigue viviendo en estos mismos días del Turón posmineru. Podríamos decir que caminamos sobre las páginas de un libro de palabras habitadas, como resumiría el mismo Luis Castellanos que acuñó expresión tan precisa, y de aplicación tan multidisciplinar:

“Somos lo que hablamos… El lenguaje es el reflejo de lo que somos. Vivimos en las palabras y con las palabras… Las palabras son habitantes cómodos o incómodos y, al mismo tiempo, son tus calles, tus paseos, tus ríos, tus mares, tus tormentas, tu refugio… Las palabras diseñan el lugar en el que vas a vivir. Las palabras son el lugar en el que vives”.

Xulio Concepción    (http://xuliocs@gmail.com)

El economista Fermín Palicio, crítico y presidente de la asociación “Amigos de Veguín” ha puesto algunas objeciones al libro “Turón, el valle castigado”.

                                      Suele ocurrir con mis últimos libros, que una determinada  persona,  gentil y voluntariamente, los  lee y observa letra a letra y foto a foto, vale decir, con escrupulosa minuciosidad para luego, emitir su propia crítica con toda libertad y acierto. Me señala, si es necesario como se podía haber mejorado una tabla o si habría sido posible dar otro enfoque a un determinado capítulo. El “censor”, en este caso se llama Fermín Palicio, un economista que estuvo siempre ligado a la siderurgia, primero en Duro-Felguera y, después, en UNINSA donde actuó como perito mercantil y auditor.  Procede del valle de Tudela, zona que tuvo un elevado nivel de empleo  por su fuerte implantación industrial que giraba alrededor de la vida de la cementera allí establecida a principios del siglo XX. A Fermín, ya lo conocí  desde los tiempos de la fundación de GRUCOMI, cuando daba sus últimos estertores la centuria pasada. Pronto tuve ocasión de comprobar el cariño que sentía  por su tierra de nacimiento y en ese aspecto tenemos mucho en común. No es de extrañar que ostente, desde hace bastantes años, la presidencia de la asociación “Amigos de Veguín”. Referente a este libro “Turón, el valle castigado”, aparte de otras notas de menor trascendencia, hay tres verdaderamente importantes a mi entender que no fueron indiferentes a su detenido análisis. En ellas, Fermín emite su juicio, muy ecuánime como siempre, que queda reflejado en las siguientes conclusiones:

                                    1) Prólogo. “Muy sentimental, creo que algo personal y no relacionado directamente con el aspecto histórico-general del ente/pueblo de Turón”

                                      2) Capítulo titulado Un episodio de mi vida en tres actos”. Complicadas narraciones de indudable carácter personal que podrían no encajar en el interés general del Valle, si no fuera porque en sus últimas páginas explican el “nacimiento” de Lito como cronista-historiador”

                                  3) Epígrafe “Nosotros los de entonces….” Resume el signo pesimista del libro, tal vez algo reiterativo…”

                                               Al hacer tales declaraciones, le entiendo perfectamente. No es que tenga razón absoluta en lo que me expone. Pero, al menos, me hace pensar que, quizás, haya por mi parte algún fallo en el planteamiento de dichos temas. Es el momento de reflexionar. Quiere decirme, sin decírmelo, que ¿a cuento de qué viene eso que he escrito? (en los dos primeros apartados) y la forma de como lo he escrito (referente al tercero de ellos). Vuelvo a repasar  esos capítulos y extraigo una consecuencia: Fermín, con toda su aguda mirada-que la tiene- lo está observando con una visión desde fuera del valle de Turón y, claro, la mía, como no puede ser de otra manera, es desde dentro. Luego, la diferencia entre ambas percepciones, no creo que sea una cuestión de planteamiento sino  de perspectiva.  Lo que hago, en todo caso, es enviar al lector un mensaje subliminal.

                                          Refiriéndonos al prólogo, tengo que decir que lo he despachado como si  de un “testamento” se tratara. Al  estar convencido de que este sería mi último libro sobre la tierra de nacimiento, necesitaba resaltar el apoyo de mis padres que fue determinante en ese peregrinaje histórico que se prolongó más allá de tres décadas. Tampoco  fui capaz de prescindir de unas líneas de las que se desprende una no disimulada devoción hacia un valle (el de Turón) y hacia una tierra (la de Asturias)  que nunca quise abandonar después de finalizar mis estudios, aún a costa de renunciar  a mejoras materiales; también rezuma, de esos preliminares, un cierto canto a la amistad, representado en unos pocos, pero verdaderos amigos, de Turón  y Oviedo. Todo ello forma un cóctel mágico que contribuyó a que esa historia de Turón, una vez iniciada, saliera adelante. Eso-y solamente eso- quiere simbolizar el prólogo de “Turón, el valle castigado”.

                                                   En el segundo apartado, “Un episodio de mi vida…”puede parecer, que no tiene mucho sentido, que, de golpe, le presente al lector con pelos y señales el desarrollo de un incidente que yo sufrí, por muy grave que este haya sido. Eso es cierto a primera vista. Sin embargo de la narración de ese accidente se desprende algo que está íntimamente relacionado con los propios libros de Turón y ese es el motivo por el que lo he traído a colación. A lo largo de esas páginas, trato de hacer comprender que  tiene un sentido el que yo mismo me haya “introducido en la Historia” para contar cómo y por qué empezó la aventura sobre la crónica de nuestro pueblo. Si volvemos a situarnos en 1991, ya hacía bastantes  años que impartía por las tardes clases de Matemáticas en Turón. Actividad que me satisfacía plenamente y que no veía fecha en el horizonte para ponerle punto  y final. Prueba de ello es que  pensaba seguir preparando alumnos en esa materia, mientras las fuerzas me asistieran. El accidente automovilístico  de ese año me hizo abandonar las clases y ahí nació el comienzo de la investigación sobre los libros de Turón; en caso contrario, hubiera sido casi imposible, pues la falta de tiempo para emplearme en ello me lo hubiera impedido. Luego, ese  gravísimo percance del que fui involuntario protagonista, necesitaba contarlo porque tiene una relación directa con las obras escritas acerca del valle de Turón que irían saliendo a la luz con una cierta periodicidad en los años siguientes. Sintetizando, que aquella desgracia fue tan determinante en mi vida que  sin el accidente no hubieran existido esos libros.

                                              La respuesta al análisis que realizó sobre el epígrafe “Nosotros los de entonces…” es mucho más fácil. Me quiere decir que hay un mensaje que se repite mucho. Tiene toda la razón del mundo. Pero ese mensaje va dirigido a los que han arruinado a Turón y a sus sucesores en la gobernanza de nuestra región. Esa reiteración la hago adrede. Hay que ser muy “pesados” para los que tienen ojos y no ven, para los que tienen oídos  y no escuchan. De todas formas, sobre ese mensaje de reivindicación continuada de nuestro valle, mi idea es que quede ahí para el futuro como una antorcha que arroje luz sobre nuestra deuda pendiente. Siempre habrá una generación que recoja esa antorcha  para que, al final,  la lucha de nuestro pueblo tenga éxito.

                                             Con toda sinceridad, tengo que agradecer a mi amigo Fermín el que haya puesto objeciones sobre algunas materias de este libro. ¿Por qué digo esto? Muy sencillo: porque de esta manera me ha brindado la oportunidad de hacer algunas aclaraciones que, estimo, eran muy necesarias para su total comprensión, así como también para conocer el verdadero significado de las mismas.

 

 

                     A modo de síntesis

                                                      Como  resumen de  lo expuesto hasta aquí, en este Blog, debo decir que, en general, estos encuentros culturales han constituido siempre un éxito de público. Los actos de presentación de mis libros en Turón, Mieres del Camino, Oviedo y Gijón que, en conjunto, han superado ampliamente la veintena, se han caracterizado por un hecho fundamental que pasamos a explicar. En ellos, a lo largo de los años, se producía, por ley natural, una variación importante de la naturaleza del público entre un acontecimiento y el siguiente: Unas veces eran  unos los concurrentes; en otras ocasiones solían ser mayoría personas  nuevas pero en todos ellos había una cierta cantidad de asistentes fija, que podía cifrarse en un 20% del total. Eran, por conceptuarlos de alguna manera, los incondicionales; el  resto eran  espectadores que venían por primera vez por uno u otro motivo. Bien porque se enteraban de la existencia de estos libros por otros parroquianos o porque les había resultado fácil la asistencia, cosa que, posiblemente, en casos anteriores no hubiera sido así. Con estos datos  y de la importante representación de nativos del Valle que siempre ha habido, se deduce que el número de turoneses distintos que han estado presentes en estos encuentros se pueden contar por centenares. Otro éxito para este modesto proyecto de los libros de Turón. Este pueblo, mi pueblo, ha respondido con la mayor generosidad  a la llamada que hacíamos siempre que veía la luz un nuevo volumen. Razón  por lo cual, me veo obligado a mostrarle mi agradecimiento, una vez más, ante tan  magnífica predisposición. No puedo por menos, que enviaros un mensaje de gratitud inmenso porque sin vuestro  concurso, sin vuestro apoyo moral, este trabajo no hubiera tenido, ni por asomo, el formato que ha presentado y la  proyección que ha conseguido.

                                                  En los pequeños detalles que hemos explicado en las líneas precedentes no hay ningún atisbo de vanidad. No hay vanidad porque pienso que esto podrían haberlo hechos otras personas poniendo, eso sí, la voluntad que he puesto yo. De orgullo sí. Pero nuestro orgullo es otra cosa muy distinta. Es el orgullo de ser turonés. Es el orgullo que haber nacido en una tierra y formar parte de un pueblo que, en un momento de su existencia, tocó la gloria. Es el orgullo de haber podido explicar, a veces con simples anécdotas que afloran de una realidad perfectamente contrastada, el devenir de un pueblo. Es el orgullo de habernos sumergido en una aventura con verdadera pasión en la que, desde un principio, experimentamos un extraordinario placer. Es la emoción de comprobar cómo aquella tarea, que nos satisfacía plenamente, la veíamos correspondida por la presencia de nuestros compatriotas cuando llegaba la ocasión de  hacer una nueva presentación  y  con la favorable acogida del libro que se producía después.

                                            La historia de Turón es un tema que nos envuelve a los turoneses y sacude como una tormenta sin dejar indiferente a nadie. La crónica de Turón está edificada sobre vetustos sillares que son sinónimos de grandeza, de sacrificio, de tragedia  y de nostalgia. Todos estos ingredientes se entremezclan en una sorprendente combinación  y de ahí sale la fórmula mágica que constituye la historia de nuestro valle. El ir descubriendo  y describiendo los distintos aspectos que la conforman, ha ocupado, las últimas décadas de nuestra vida al cabo de los cuales nuestra admiración por la tierra madre fue in crescendo. Esta es una de las esencias que llevaremos empapada en el alma en nuestro viaje hacia las estrellas. Por eso no puede resultar raro, que nos emocionemos en este caminar al recordar una simple vivencia relacionada con nuestros compatriotas. No es de extrañar que nos entusiasmamos por  el  simple hecho de oír el nombre de Turón o en el caso en que alguien, ante nosotros, haga gala de la particularidad de ser turonés. Porque ese sentimiento lo llevamos  grabado a fuego en lo  más profundo de nuestro espíritu.

Salud y suerte para todos.

                        Lito Beyman