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Al comenzar la intervención, después de haberme presentado con unas emotivas palabras, el Jefe de Estadística del Ayuntamiento de Oviedo, Longinos Fernández, aclaré que ya en una ocasión la había fallado por causas imponderables al bueno de Luis Martín, pero esta vez vendría con la cabeza debajo del brazo si era necesario para evitarlo. Al principio de la exposición tosí un poco y algunos que ya conocían mi problema presagiaron lo peor. Yo- he de confesarlo- imaginaba lo mismo que ellos, que aquello no iba a terminar bien. Después, inesperadamente, me salió una voz potente y como de ultratumba, debido a la ronquera que arrastraba; algo así como la que exhibió Lee Marvin en su película “La leyenda de la ciudad sin nombre”  Creo que todo el mundo lo agradeció pues no me pasó desapercibida la enorme atención que observaba en el reducido pero denso auditorio que tenían delante. Entre los que me conocían porque aquel timbre de voz no era el mío habitual y para los demás porque aquella sonoridad le añadía un toque solemne a mis palabras. “Para siempre querría yo tener ese tono de voz de bajo profundo  que me salió aquel memorable día.  No puedo explicarlo pero fue como un milagro; además, aquella tarde no volví a toser más. En días sucesivos ya fue otro cantar pues la afección se me complicó y estuve convaleciente durante cuatro semanas. Pero volviendo al entoldado del Paseo de los Álamos, debo decir que el aforo se cubrió con creces, entre los que se encontraban Maite Bravo, secretaria de Grucomi, Senén “Candanal”, Fermín Palicio, presidente de la Asociación “Amigos de Veguín”, David Varela y su mujer( padres de Jorge), etc. Incluso, había gente de pie acompañándonos. Recuerdo a Celso Peyroux, cronista oficial de Teverga como uno de ellos, que estaba de pie al fondo del local. También otros que , paseando junto a los distintos mostradores de los libreros, al oír aquella voz tan grave que lanzaba al aire reivindicaciones para un valle minero en crisis, se detenían a la entrada algunos momentos para satisfacer su curiosidad. ¡Ah¡ por cierto, reseñar que en la jornada precedente el diario “La Nueva España” plasmaba una fotografía de la presentación del libro de Ortega Cano, el torero, y se contabilizaban seis personas teniendo en cuenta el que disparó la cámara. Pero es que las gentes de Turón, no nos engañemos, son irrepetibles.

 

Libroviedo

         

(CONTINÚA LA NARRACIÓN EN EL EPÍGRAFE “EN BUSCA DEL TURÓN PERDIDO “ LOS LIBROS SOBRE EL VALLE DE TURÓN”)