EL PADRE VÁZQUEZ Y EL PROFESOR ESPIÑO

El sacerdote allerano José Ramón Vázquez fue el fundador del Instituto de Turón

Al iniciarse la década de los años sesenta se echaba en falta un establecimiento público de enseñanza secundaria y gratuita que pusiera a los jóvenes turoneses, sin excepción, a las puertas de la Universidad. Esto fue lo que debió de pensar D. José Ramón Vázquez, natural de Bóo y, a la sazón, párroco de La Cuadriella quien, de forma totalmente altruista, inició sus gestiones cuando amanecía el año 1963, cristalizando en un Decreto emitido a través del Ministerio de Educación Nacional por el que se creaba el Instituto Filial de Enseñanza Media de Turón que, desde el punto de vista académico, pasaba a depender del Instituto “Bernaldo de Quirós” de Mieres del Camino.

Cura Vázquez
José Ramón Vázquez había nacido en Bustillé, pueblo perteneciente a la parroquia de Bóo.

En un principio, para dar comienzo a las clases, se habilitó un local en el barrio San Francisco mientras el cura negociaba la adquisición de unos terrenos en términos de Santa Marina. El nuevo instituto estaría listo para ser inaugurado en octubre de 1965 y, siete años más tarde, alcanzará su autonomía al crearse el Instituto Mixto Nacional de Enseñanza Media de Turón.

 

 

 

 

En 1979 el Instituto pasa por un mal momento debido a la crisis industrial que sufre el Valle

Todo transcurre con normalidad hasta 1979 y centenares de familias y jóvenes turoneses se benefician del servicio que les ofrece su instituto. Es entonces cuando concurren dos factores que inciden muy negativamente en la trayectoria de este centro. El primero tiene que ver con la deficiente gestión de sus rectores pedagógicos, que lo precipitan en una severa crisis material y organizativa. El segundo son las tremendas dificultades y problemas que aquejan al propio Valle, como consecuencia del cierre de sus últimas explotaciones mineras. Resultado: el instituto turonés está entonces a punto de ver clausuradas sus instalaciones y de cesar en su actividad docente, tales, al menos, eran los planes del Ministerio de Educación a finales de la década de los ochenta. Pero los acontecimientos se precipitan en el mes de marzo de 1992. Este centro docente se encuentra descabezado, su director ha dejado su cargo para asumir otras responsabilidades en la entonces Delegación del Ministerio, cuyos planes para el instituto no son precisamente de futuro, y entre el profesorado cunde la apatía y la incertidumbre. Por primera vez peligraba la gran obra del clérigo allerano.

Entra en escena el profesor Espiño

Al iniciarse las clases en el último trimestre del curso, es la Asociación de Padres de Alumnos la que, esta vez, toma la iniciativa, promoviendo una reunión de su Junta Directiva con los veintidós profesores del Claustro. Su propósito: animar a los profesores para que superen su actitud pasiva y derrotista. Y en esto apareció Espiño, un hombre de estatura mediana pero enorme en coraje y determinación como demostraría más tarde, que formaba parte del grupo docente el cual, ante lo delicado de la situación, decide dar un paso al frente y se compromete a hacerse cargo de la dirección, siempre que obtenga un respaldo mayoritario del Claustro. La expectación duró solo 24 horas, pues al día siguiente su candidatura fue refrendada por el 90% de sus compañeros. Pero ¿quién era en realidad el profesor Espiño?

José Espiño Collazo, compostelano de origen, había realizado sus estudios de Filología Hispánica en la Universidad de Oviedo, siendo Premio Extraordinario de Fin de Carrera en 1980. Cuatro años después, obtuvo por oposición la Cátedra de Lengua y Literatura del IES “Valle de Turón”. La jornada de la votación constituiría el punto de inflexión en la crónica del Instituto.

José Espiño
José Espiño al obtener  la licenciatura de Filología Hispánica en la Universidad de Oviedo

Una de las primeras decisiones que se tomó fue la de elaborar un Reglamento de Régimen Interior, consensuado entre todos los sectores de la comunidad educativa y exportable luego a otros centros asturianos. Por otra parte, era necesaria una actuación urgente en el edificio si quería asegurarse su futuro porque, sus instalaciones estaban obsoletas y en un estado semirruinoso. En sus casi treinta años de funcionamiento apenas se había hecho una mínima inversión, ya que el Ministerio tenía pensado abandonarlo en un futuro próximo.

 

El “espíritu turonés” triunfa ante el intento de cierre del establecimiento

El primer intento de defenestración no tardaría en producirse. Fue en 1996 con la generalización de la implantación de la LOGSE, lo que afectaba de forma directa a la supervivencia del Instituto. Las primeras gestiones de Espiño ante la Delegación del Ministerio de Educación resultaron infructuosas. Para el cumplimiento de la nueva ley orgánica se precisaba la adaptación de las instalaciones y el principal problema radicaba en la inversión de 45 millones de pesetas necesarias. Entraron las dudas y las presiones: dejar para el Valle el primer ciclo de la ESO en las escuelas y el resto de cursos del segundo ciclo y el Bachillerato trasladarlos a Mieres del Camino. De nuevo, el Instituto al borde de la desaparición. Pero en Oviedo no contaban con la fuerte contestación que surgió, repentina y espontáneamente, para su defensa. Se puso en marcha el llamado “espíritu turonés”: una reacción inesperada que obró el milagro y cuyo principal ingrediente fue la perfecta y eficaz coordinación entre el grupo de profesores, dirigido por Espiño, el Sindicato de Estudiantes, liderado por Pablo Prieto, la Asociación de Padres de Alumnos y el pueblo en general, que respondieron todos a una. Cuando todo parecía perdido, aún quedaba la esperanza. Esto debió de pensar el profesor Espiño, quien, en una última entrevista con el responsable de Educación, logró arrancarle la promesa de la aportación de los 45 millones necesarios. Parecía un sueño, pero el Instituto, con esta inversión, pudo realizar su puesta a punto para recibir la LOGSE. No durarían mucho las alegrías pues pronto habría que librar una nueva batalla por la supervivencia del Centro. Visto el panorama general de la enseñanza en el país, el Director logró persuadir al Claustro de que la implantación de la Formación Profesional era un objetivo inaplazable para aumentar el número de alumnos que compensara la imparable regresión demográfica. De lo contrario, el Instituto estaba abocado al cierre en poco tiempo.

El segundo intento por parte de la Administración de cerrar el Instituto. La obra del profesor Espiño y sus colaboradores

Enseguida se trasladó a toda la comunidad la razonable propuesta que se estaba haciendo desde Turón y nadie defraudó. De nuevo surgió “el espíritu turonés”: la maquinaria para orquestar la protesta se puso en marcha y en febrero de 1999, tres mil turoneses cerraron el Valle, invadieron La Veguina y, luego, en ordenada manifestación se dirigieron hacia “su querido instituto” en el que habían permanecido encerrados tres padres de alumnos, por espacio de diez largos días. Así se consiguió el objetivo que consistía en ampliar la oferta educativa con nuevos ciclos formativos que atraerían a nuevos alumnos de lugares limítrofes y del conjunto del Principado. Una prueba de la calidad de la enseñanza ofrecida en todos estos años nos la muestra el documento emitido, en marzo de 2012, por un equipo de cinco inspectores de educación que valoraron al IES “Valle de Turón” con la calificación de “Excelente” en ocho de los diez ámbitos examinados. Variedad y calidad de la enseñanza y modernización de las instalaciones han sido los tres parámetros fundamentales que han permitido la existencia del centro hasta nuestros días. Porque, no debemos olvidar que, en estos últimos veinticinco años, bajo la dirección del profesor Espiño, hubo que reconstruir el edificio en su totalidad y proceder a su ampliación hasta en tres ocasiones distintas, abriendo unos nuevos accesos por La Cuadriella e inaugurando un moderno polideportivo, de 1000 m2 de superficie. En estas y otras actuaciones se han invertido unos dos millones seiscientos mil euros, que han dotado al Instituto de unas instalaciones envidiables, al nivel de lo mejor de cualquier centro similar de la región. Ello ha supuesto la obra civil más relevante del Valle en los últimos treinta años. En el año 2016, una de las antiguas alumnas del centro, Graci (María Engracia García), cuando nadie reparaba en ello, propuso la posibilidad de celebrar el 51 aniversario de este centro educativo y desde el primer momento contó con el apoyo para tal iniciativa, tanto del director, Espiño, como del alcalde, Aníbal Vázquez. La organización de todos los actos exigía una entusiasta dedicación, pero Graci, que es una persona animosa y resolutiva, sacó adelante el proyecto sin mayores problemas. Para ello contó con la colaboración de Rosa Araujo y del marido de ésta, José Ortiz. Los actos comenzaron el 25 de octubre con la celebración de una rueda de prensa en el Ayuntamiento y concluyeron con una exposición fotográfica en el Ateneo de Turón, en la primavera de 2017.

EXTERIORES
2017. Exteriores del IES «Valle de Turón»

Concluimos esta apretada crónica recordando que el Instituto fue obra de un sacerdote allerano, José Ramón Vázquez, pero también debemos tener en cuenta a otra persona, que, gracias a su iniciativa, su compromiso y decisión, apuntaló la institución cuando estaba a punto de derrumbarse: el profesor Espiño. La historia de este instituto se hermana con la del Valle de Turón en su última media centuria, y su pervivencia y continuidad se deben a la lucha y al empeño de este pueblo y de un extenso colectivo de personas. De entre ellas, brillan con luz propia las dos citadas más atrás, por cuanto su concurso ha resultado decisivo. La primera, necesaria para la implantación de la enseñanza secundaria en el Valle de Turón, pero la segunda, imprescindible para su mantenimiento y consolidación.