MI BAUTISMO HISTÓRICO-LITERARIO: EL MARISCAL SOLÍS

                            

                                                   
 Antes de comenzar a explicar cómo se fueron gestando los libros de Turón, me vais a permitir, amigos lectores, que hablemos de otro que le precedió en el tiempo- fue publicado en la primavera de 1991- y está relacionado con el municipio de Aller. A este territorio lo considero mi segundo concejo porque de allí proceden los antepasados maternos de mi madre, Mina de Fresneo, a través de los lugares de Cabañaquinta, Murias, La Llaneza, La Collá, La Llinariega y Villar de Piñeres de donde era nativa mi abuela María Covadonga Suarez Robezo. Estos fueron suficientes motivos para que, un día ya lejano, parafraseando a Jovellanos, me aplicase en rastrear aquellos lugares que en otro tiempo  hollaron mis antepasados alleranos, Así comencé a recorrer los espacios naturales más espectaculares (puertos de S. Isidro, de Vegarada  y del Rasón, “foces” del Pino y de Ruballer), a contemplar el arte que encierran sus iglesias (San Vicente de Serrapio, Santibáñez de la Fuente…), a admirar las imponentes casonas solariegas  de los García de  Vega y de los Ordóñez del Pino. En fin, a conocer a sus gentes…


PRELIMINARES



                                                Es necesario que señale, antes de comenzar esta larga historia, que las páginas siguientes son un compendio a tres bandas de notas extraídas de mi libro “Un filántropo asturiano: el brigadier Solís”, de un folleto que publiqué en el  RIDEA  titulado “El escultor de Santibanes” y de mis propias vivencias en pos de una investigación que estuvo plagada de emociones de toda índole. Para mí fue, alegoricamente hablando, como escalar una montaña de nieves perpetuas sin tomar ningún tipo de precauciones. Cargado hasta los topes de ilusión, emprendí la empresa, pero pronto tuve que sortear toda clase de dificultades y, al final, cuando tenía la cumbre ” a tiro de piedra” como suele decirse, me cogió una tormenta, lo más parecido a un huracán, que no me destrozó de verdadero milagro pero que me dejó muy malparado. En la parte última, desgraciadamente, no hay metáfora: quedé con el cuerpo roto y en su momento lo expondré con detalle. Alguien podrá preguntarse si alcancé la cima de aquella “ascensión”. Pues sí, lo logré… ¡pero dos años más tarde de lo previsto!

(Sigue el relato en “Avatares“)

Preliminares

Avatares

Un ingeniero benefactor

En pos de la segunda parte

Un instituto en la montaña allerana

De Murias a Murias

Convalecencia

Por fin, dos años más tarde